23 de julio de 2018 • Ciudadanos > Jesuítas

Evangelio. Sosa Abascal recuerda la importancia de volver a su mensaje, que, dice, va en contra de poner al individuo en el centro. (José Hernández)

Por Mariana Otero
Arturo Sosa Abascal camina por el patio de la sede céntrica de la Universidad Católica de Córdoba(UCC), a metros de la manzana jesuítica, y varios se dan vuelta para mirarlo. Es que no todos los días se recibe en Córdoba al líder de los discípulos de Ignacio de Loyola que es, además, el primer latinoamericano en ser elegido superior general de la Compañía de Jesús en el mundo.
Sosa Abascal es jesuita como el papa Francisco y es sudamericano, también como Jorge Bergoglio. Es venezolano, caraqueño, a punto de cumplir los 70 años, un intelectual –filósofo y doctor en Ciencias Políticas– reconocido por su compromiso social.
La hoja de vida de quien es el número 31 de la compañía, en sus casi 500 años de historia, es enorme. Pero en su país natal se lo sigue recordando por su actuación como mediador durante el intento de golpe de Estado del entonces joven general Hugo Chávez, en 1992.
El superior de los jesuitas es el “papa negro” (así se los conoce por la influencia atribuida a los generales jesuitas en el gobierno de la Iglesia, por el color de sus sotanas y por su cargo vitalicio), aunque Arturo Sosa en algunas entrevistas ha manifestado que no le gusta el apelativo. Y el argentino Bergoglio es el “papa blanco” y el primer jesuita en el trono de Pedro.
En Córdoba, Sosa dio, el viernes, una clase magistral en la UCC y también ofició una misa en la Compañía de Jesús. En esa oportunidad, conversó con La Voz en una charla de 20 minutos, en la que habló sobre el papado de Francisco y los desafíos de la Iglesia, y se excusó de opinar sobre la crisis política y humanitaria en Venezuela.
–¿Cómo ve el papado de Francisco y qué más podemos esperar de él?
–Creo que el papado de Francisco hay que entenderlo en el proceso que ha vivido la Iglesia en los últimos 50 años. El Concilio Vaticano II, a fines de los 60, fue una explosión dentro de la Iglesia y el Vaticano II propuso unas metas tan ambiciosas que después de 50 años, todavía continúan siendo un proyecto para la Iglesia. Yo creo que no se entiende al papa Francisco si no se entiende ese proceso. Al papa Francisco yo lo definiría como un hombre del Concilio Vaticano II y un hombre que, antes de ser Papa, vivió ese proceso que, especialmente en América latina, fue muy importante.
Arturo Sosa Abascal camina por el patio de la sede céntrica de la Universidad Católica de Córdoba(UCC), a metros de la manzana jesuítica, y varios se dan vuelta para mirarlo. Es que no todos los días se recibe en Córdoba al líder de los discípulos de Ignacio de Loyola que es, además, el primer latinoamericano en ser elegido superior general de la Compañía de Jesús en el mundo.
Sosa Abascal es jesuita como el papa Francisco y es sudamericano, también como Jorge Bergoglio. Es venezolano, caraqueño, a punto de cumplir los 70 años, un intelectual –filósofo y doctor en Ciencias Políticas– reconocido por su compromiso social.
La hoja de vida de quien es el número 31 de la compañía, en sus casi 500 años de historia, es enorme. Pero en su país natal se lo sigue recordando por su actuación como mediador durante el intento de golpe de Estado del entonces joven general Hugo Chávez, en 1992.
El superior de los jesuitas es el “papa negro” (así se los conoce por la influencia atribuida a los generales jesuitas en el gobierno de la Iglesia, por el color de sus sotanas y por su cargo vitalicio), aunque Arturo Sosa en algunas entrevistas ha manifestado que no le gusta el apelativo. Y el argentino Bergoglio es el “papa blanco” y el primer jesuita en el trono de Pedro.
En Córdoba, Sosa dio, el viernes, una clase magistral en la UCC y también ofició una misa en la Compañía de Jesús. En esa oportunidad, conversó con La Voz en una charla de 20 minutos, en la que habló sobre el papado de Francisco y los desafíos de la Iglesia, y se excusó de opinar sobre la crisis política y humanitaria en Venezuela.
–¿Cómo ve el papado de Francisco y qué más podemos esperar de él?
–Creo que el papado de Francisco hay que entenderlo en el proceso que ha vivido la Iglesia en los últimos 50 años. El Concilio Vaticano II, a fines de los 60, fue una explosión dentro de la Iglesia y el Vaticano II propuso unas metas tan ambiciosas que después de 50 años, todavía continúan siendo un proyecto para la Iglesia. Yo creo que no se entiende al papa Francisco si no se entiende ese proceso. Al papa Francisco yo lo definiría como un hombre del Concilio Vaticano II y un hombre que, antes de ser Papa, vivió ese proceso que, especialmente en América latina, fue muy importante.











