Saturday, June 26, 2010

CONFERENCIA DEL PADRE PETER-HANS KOLVENBACH (Ex) SUPERIOR GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS


CONFERENCIA DEL PADRE PETER-HANS KOLVENBACH SUPERIOR GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

Conferencia del P. General

El martes 13 de noviembre el P. General, dentro de los Actos del Centenario del nacimiento del jesuita Pedro Arrupe, ha pronunciado la conferencia titulada “Pedro Arrupe: profeta de la renovación conciliar”, que ha versado sobre la influencia del Padre Arrupe en la renovación de la Iglesia Católica al dictado del Concilio Vaticano II. Tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Deusto.


P. Pedro Arrupe, Profeta de la Renovación Conciliar
Peter-Hans Kolvenbach SJ
Universidad de Deusto - Bilbao, 13.11.2007



Deseo que mis primeras palabras sean para expresarles a todos Ustedes mi más profundo agradecimiento por su presencia y participación en este ciclo de conferencias que conmemora el nacimiento, en esta villa de Bilbao, del recordado Padre Pedro Arrupe Gondra, hace exactamente un siglo. Agradezco en particular a la Universidad de Deusto por su acogida y a los organizadores de este acto por su feliz iniciativa.

El título de esta conferencia es “La figura y el mensaje del P. Pedro Arrupe”, pero antes de entrar en materia debo hacerles una confesión. En cuanto su sucesor como superior general de la Compañía de Jesús, mis encuentros personales con él fueron, por desgracia, más bien raros. Yo vivía en el Próximo Oriente, cuya situación explosiva es conocida por todos, y durante la larga guerra civil del Líbano los contactos con Roma eran más bien difíciles y esporádicos. Cuando, por fin, pude visitar al Padre Arrupe todos los días, pues los dos vivíamos en la Curia General, su grave enfermedad hacía casi imposible una auténtica conversación, dada su incapacidad de expresión, aun cuando tuviera ciertamente tantos consejos que darme. Con todo, aunque estuviera limitada su capacidad de expresarse, quedaba el testimonio de lo que había hablado por todo el mundo. Y este testimonio nos presenta al Padre Arrupe como un testigo fiel del Concilio Vaticano II. Algunos lo llamarán “el hombre de la utopía”, otros se referirán a él como “un místico y un profeta para nuestro siglo”, otros, por fin, lo reconocerán como aquel que ha hecho tantas cosas nuevas, en nombre del Señor que nos dice, en el libro del Apocalipsis (Ap 21,5): “Mira, renuevo el universo”. Éste es el aspecto característico de la figura y mensaje del Padre Pedro Arrupe que quisiera destacar en el día de hoy.

El 22 de mayo de 1965, el Padre Pedro Arrupe fue elegido Prepósito General de la Compañía de Jesús. Antes de este momento se había enfrentado a muchas sorpresas, a grandes cambios y profundas novedades en su vida. Un “golpe de la gracia” en Lourdes hará cambiar su prometedora carrera como médico por la vida de jesuita, dejándose guiar en su camino hacia Dios por su compatriota vasco Ignacio de Loyola. Los avatares de la política nacional le convierten en exiliado, condenado a una experiencia internacional en el desafío de aprender nuevas lenguas y afrontar varios cambios culturales en Europa y los Estados Unidos.

Todos estos desarraigos, no apagan en él el deseo de seguir la huella de otro compatriota suyo, Francisco Javier. Estas separaciones no agotan su deseo de anunciar la buena noticia del Señor en Japón, que dotado de una cultura religiosa perfecta, parece no tener necesidad de ninguna buena noticia que venga de fuera. En “Este Japón increíble” experimentará la novedad del aislamiento durante un mes en una celda de la prisión en Yamaguchi, acusado de espionaje. Llegará a decir que esta experiencia inesperada fue un golpe de gracia, pues en soledad con el único Señor vivió “el mes más instructivo de mi vida”.

Otra novedad vivida en Japón será la moderna invención del horror humano que se llama la bomba atómica de Hiroshima. Cuando al día siguiente del cataclismo celebra la Sagrada Eucaristía ante tantos cuerpos que yacen en el suelo, el Padre Arrupe queda como paralizado cuando ante tanto sufrimiento cruel ha de decir “Dominus vobiscum”. Sin embargo, contra toda apariencia, el Señor está con vosotros.

Unos treinta años más tarde, cuando el Padre Arrupe visitó el Líbano y yo le enseñaba las ruinas del centro de la ciudad de Beyrut, le dije que tras una terrible noche de bombardeos destructivos, a la mañana siguiente los pájaros cantaban desde los árboles. Él me respondió que también en Hiroshima el Señor de la Vida no permitió que la increíble potencia de la muerte dijera la última palabra. Como dice el Cantar de los Cantares, “Es fuerte el amor como la muerte. Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni los ríos anegarlo.” (Cantar 8, 6-7).
Todavía en el Japón, vive otra novedad cuando es nombrado responsable de un grupo importante de jesuitas, de origen internacional. El Padre Arrupe anima a estos apóstoles a abandonar con generosidad las maneras occidentales de orar, de vivir y de trabajar, para, siguiendo al apóstol Pablo, hacerse todo a todos. Este reto pretendía que los japoneses pudieran reconocer en el rostro de Cristo y de su Iglesia, los rasgos japoneses de su ancestral deseo religioso. Tal fidelidad a este modo de acercamiento nuevo del apóstol Pablo suscitaba en unos el entusiasmo apostólico, pero despertaba en otros una resistencia de principio.

Este es el modo como el Señor había ido preparando al Padre Arrupe para guiar a la Compañía en la novedad que el Espíritu había inspirado en la Iglesia del Vaticano II, en el mundo y para el mundo. Al dirigirse a los jesuitas de Roma el 11 de marzo de 1967, el Padre Arrupe subraya que la Congregación General 31 -que le eligió General- es como una semilla y una exigencia de vida nueva que compromete nuestra responsabilidad ante Dios y ante la Historia. Terrible responsabilidad ante la historia, pero, sobre todo y más aún, grave responsabilidad ante Jesucristo. El nos ha elegido no por nuestros méritos, ni en razón de nuestros gustos, sino según el beneplácito de su voluntad. De este modo, nuestra misión en la Iglesia, aunque limitada y modesta, queda confiada a nuestra responsabilidad personal y comunitaria para que vivificados y reunidos en su Espíritu, nos encaminemos hacia la consumación de la historia humana que corresponde plenamente a su designio de Amor.

Esta conclusión, que asume plenamente en Dios la realidad de una Iglesia que cambia y la exigencia de descubrir aproximaciones nuevas para responder a las necesidades nacientes de la Iglesia y del mundo, no elimina los esfuerzos, las conmociones y los sacrificios que comportan todos estos cambios y acomodaciones.

El Padre Arrupe es realista: se nos exigirá más que a los jesuitas del tiempo de San Ignacio. Apenas finalizado el Concilio pide no dejarse impresionar por declaraciones como “se ha cambiado la Compañía”, o bien aquella otra, más cruel por la referencia personal, “lo que Ignacio, un vasco, ha construido, otro vasco lo va a destruir”. Previendo reacciones de este tipo, el Padre Arrupe al final de la Congregación confiesa que él deseaba comprometerse en total y plena fidelidad al Concilio Vaticano II. Un “optimismo realista, lleno de confianza en el Espíritu Santo que guía a la Iglesia y a la Compañía. No se trata de mantener un recuerdo nostálgico del tiempo pasado, ni un resentimiento o descontento por los cambios difíciles que probamos en el interior de la Compañía o fuera de ella”. Siempre respetuoso de la reacción de la otra persona a los principios y a las concretizaciones de todo “aggiornamento”, el Padre Arrupe afirma que “si bien no se puede exigir de todos el mismo grado de optimismo, sí se nos impone a todos al menos la exigencia de no admitir jamás el pesimismo”, pues la novedad del Concilio es un don de Dios que merece nuestra fidelidad total.

Este espíritu y este mensaje del Padre Arrupe se hacían sentir en detalles concretos de la vida de los jesuitas y, dado el grado de nerviosismo de este tiempo post-conciliar, cualquier hecho banal podía desencadenar auténticas tempestades. Así sucedió, por ejemplo, durante su primera visita a los jesuitas de París, apenas un año después del Concilio. En esta época, yo era estudiante de lingüística en la Sorbona y era la primera ocasión en la que pude verlo verdaderamente tal y como quisieron los primeros jesuitas que fuera el “superior general”. Es decir, como “uno entre nosotros”: acogedor y dialogante, sin formalidades de protocolo, sin búsqueda de un culto de la personalidad. El Provincial de París, con el deseo de quedar bien, había impuesto a sus compañeros la sotana, o por lo menos el traje clerical con la camisa de cuello romano. Tal era la disciplina de ese tiempo. Solamente dos jóvenes jesuitas, que provenían del norte de Europa, rompieron la uniformidad del conjunto, pues estaban vestidos de traje y corbata. El provincial en vano trataba de alejarlos o de esconderlos detrás de los demás jesuitas vestidos “como Dios manda”. Para mayor embarazo del Provincial, casualmente fueron de los primeros en saludar a su Superior General que se entretuvo gustosamente con ellos conversando sobre la Compañía de Jesús en el norte de Europa y que él conocía tan bien por los años de su exilio. El incidente, como se pueden imaginar, no pasó desapercibido y dio pie a comentarios bien diversos.

Sucedió algo parecido al día siguiente. Dadas mis obligaciones en la Universidad, yo no pude participar en el encuentro de los jesuitas de París con el Padre Arrupe, pero por la noche en la comunidad se expresaron claramente las distintas reacciones. Mientras unos mostraban reacciones entusiastas, otros profirieron palabras de indignación pues el Padre Arrupe en su discurso había quebrantado santas costumbres, había sacudido posiciones adquiridas tras largos años al colocar a cada uno de sus auditores, de forma personal, con la novedad del Espíritu que de una forma nueva ha irrumpido en nuestra historia. En consecuencia, no es suficiente una conducta impecable, una fidelidad minuciosa y formal al reglamento y al horario (ni siquiera al más tradicional y sagrado), ni basta una observancia perfecta a cualquier punto de vista para ser un auténtico compañero de Jesús. Ante todo, es necesario una adhesión sin reservas a esta novedad cristiana a la que el Espíritu urge a la Iglesia a través de una disponibilidad apostólica a toda prueba, iluminada por un discernimiento orante en la escucha de los “signos de los tiempos”.
Esto era lo que decía el Padre Arrupe a los jesuitas de París, como lo hará más tarde por todo el mundo, provocando en consecuencia una auténtica conmoción en la espiritualidad y en la misión de la Compañía, sin ahorrar ningún detalle de la vida de todos los días.

Cuando unos diez años más tarde, el Padre Arrupe hace balance de esta situación, comienza en primer lugar a renovar su fe en la gracia del Concilio. Mantenía un optimismo realista, que algunos han atribuido a una ingenuidad personal que le impedía ver la realidad desastrosa de la Iglesia post-conciliar. Sin embargo, sus múltiples contactos y su numerosa correspondencia le hablaban sin cesar de dimisiones y de salidas, de situaciones conflictivas en el interior de la Iglesia y de la Compañía, de peligrosos malentendidos sobre la renovación en marcha y de divergencias sobre lo esencial de nuestra fe, poniendo a su vez en cuestión casi todo lo que había sido tan querido para la Iglesia antes del Concilio. El Padre Arrupe, con todo, no negaba esta realidad, pero rechazaba reconocer en ella toda la verdad.

Efectivamente, aplicando la bien conocida ley de Zipf que afirma que una buena noticia no es noticia y que únicamente una mala noticia merece el nombre de noticia, todo el material negativo que se refiere al post-concilio recibía amplia publicación en los periódicos, revistas y reportajes televisivos, alimentando de este modo un pesimismo que incluso alcanzaba a las más altas esferas del Vaticano. A pesar de este cuadro tan negro, el Padre Arrupe no dejaba nunca salir de sus labios una palabra que no fuera de confianza y de esperanza, de ánimo y de fe en el empuje del Espíritu de Dios que renueva la faz de este mundo a través de su Iglesia, a través de los que han sido enviados a anunciar la buena noticia. Esta esperanza que no cae de ninguna manera en la noche oscura de nuestra historia, se encontraba como sintetizada en un proverbio que el Padre Arrupe repetía con frecuencia, y que el Santo Padre Benedicto XVI ha repetido este verano cuando hablaba a un grupo de sacerdotes sobre el tiempo post-conciliar: “si cae un árbol, hace mucho ruido, pero si mil flores se abren, sucede en el mayor de los silencios”.

Toda esta publicidad unilateral y tendenciosa sobre la novedad del concilio era un mal menor comparada con una dificultad más fundamental. El Padre Arrupe nos recordaba con frecuencia que con respecto a las gracias y logros del Concilio Vaticano II, nos comportamos con gusto como advenedizos, como nuevos ricos que hacen ostentación de las riquezas recibidas para hacerse ver y admirar, olvidando sin embargo, que todos estos nuevos tesoros recibidos implican responsabilidades nuevas para con los demás. Tenemos el gran peligro de presumir de las conquistas del Concilio como son el “aggiornamento” y la nueva presencia de la Iglesia en el mundo, la libertad religiosa de conciencia y la responsabilidad de los fieles en la Iglesia, el diálogo interreligioso y la opción preferencial por los pobres, el compromiso por el desarrollo humano y el redescubrimiento de la Escritura y de la liturgia. Estos son valores innegables del Concilio, pero para que sean fruto del Espíritu suponen una verdadera conversión de nuestro corazón. De lo contrario, tales conquistas no producirían más que acomodaciones superficiales o se transformarían en concesiones al oportunismo, cediendo a las presiones de la moda o a las corrientes llamadas modernas.

Una irrupción del Espíritu en la vida de la Iglesia puede ser fácilmente deformada e impedida por el hombre. Como lo decía el Padre Arrupe, “somos extraordinariamente inventivos a la hora de encontrar modos de cortar el paso a la acción del Espíritu, y, en consecuencia, el evangelio se convierte en letra muerta. Estoy profundamente convencido de una cosa: sin una profunda conversión personal, no estaremos en condiciones de responder a los desafíos que nos lanza el hoy. Antes al contrario, si lográramos derribar las barreras que se levantan en nosotros mismos, experimentaremos de nuevo la irrupción de Dios y aprenderemos lo que significa ser cristianos hoy.”

La actitud del Padre Arrupe con respecto a la novedad del concilio presenta otros rasgos. Mientras en la época post-conciliar todos debían ser fatalmente clasificados como conservadores o progresistas, son muchos los que han señalado que el Padre Arrupe no se dejaba clasificar, pues se encontraba en otra situación. Y esta situación no es, de ninguna forma, una especie de compromiso entre la postura de los integristas fanáticos de la pureza de un sistema, que se ha de mantener a cualquier precio, y la actitud de aquellos partidarios de una apertura incondicionada, con el riesgo de innovar con una radicalidad tal que no deja sino vacíos y ruinas. Para el Padre Arrupe, la novedad no era ni de derechas ni de izquierdas; no se encuentra ni en el mantenimiento del pasado, ni en la obsesión del presente, sino en el porvenir, según la fe profesada por San Ireneo de Lyon: “Sabed que [Cristo] aportó consigo toda la novedad que había sido anunciada. Esto es precisamente lo que tiempo atrás estaba anunciado: que la Novedad habría de venir para renovar y dar vida al ser humano.” (Adv, Haer, IV, 34,1). A la luz de Aquél que ha de venir como nuestro futuro, en la convocatoria del Concilio, su Santidad Juan XXIII apuntaba no solamente a una especie de “sabia modernización de la Iglesia”, sino a su renovación en la novedad de Cristo. Así pues, tratando de ser fiel a esta orientación, el Padre Arrupe urgía a sus compañeros a “hacer un coloquio”, un encuentro de persona a persona con Aquel que ha de venir, el Cristo, “el modelo jamás pasado de moda y la fuente de toda nueva inspiración”. El, que es la novedad, hace nuevos todos los componentes de nuestro ser y de nuestra acción apostólica, tanto de hoy como de ayer. Hace revivir nuestra fidelidad y nuestra audacia, nuestra espiritualidad en acción y nuestra presencia en el mundo. De esta oración que mira a Cristo como nuestro futuro, el Padre Arrupe sacaba como conclusión práctica que habrá cambios que no son ni capitulaciones ni derrotas, sino una necesidad y un verdadero progreso. En esta búsqueda de formas nuevas se pueden cometer errores, en parte debido al hecho de que los cambios a veces han de ejecutarse según puntos de referencia que a su vez están en movimiento; y en parte porque están en juego valores de signo diferente que es necesario tener en cuenta con equilibrio. Con todo, sería todavía un error mayor no intentar esta búsqueda. Toda esta renovación es tan delicada porque la uniformidad que en otro tiempo era más accesible y se podía imponer a priori, hoy resulta impracticable en un mundo caracterizado en su mayor parte por la entrada en acción de nuevos países, por la relación con nuevas culturas y por la descristianización creciente de países que habían sido tradicionalmente evangelizadores. En este camino hacia la renovación, el Padre Arrupe ha podido ayudar a tantas personas, a tanta gente, puesto que él mismo ha tenido que seguir este camino que se le presentaba como un verdadero éxodo. Se trata, según sus palabras cuando es elegido superior general de la Compañía, de un éxodo radical lleno de incertidumbres y de responsabilidades; un éxodo que implicaba el abandono de todo un conjunto de actitudes, de concepciones, de prioridades. De todo ello, según el espíritu del Concilio, era necesario desprenderse para adoptar otras actitudes a precisar, a clarificar y a definir. Se trataba de salir de un mundo lleno de seguridades afirmadas, heredadas de la tradición secular de la Iglesia y de la Compañía, para entrar en otro mundo aún “in fieri”, desconocido para nosotros, pero al que Dios nos llamaba por la voz del Concilio, del Santo Padre, de las Congregaciones Generales.

Este camino comportaba numerosos túneles y nuevos desafíos, pero también innumerables esperanzas y posibilidades pues era, y lo es siempre para nosotros, el camino de Dios “que hace todas las cosas nuevas en su Hijo Jesús, la novedad.” Se trata del testimonio pronunciado por el mismo Padre Arrupe, el 15 de enero de 1977, con ocasión de los 50 años de su entrada en la Compañía de Jesús.

Esta homilía, pronunciada cerca de la tumba de San Ignacio, nos recuerda también que este vasco del siglo dieciséis fue un inventor que ha abierto tantas nuevas vías, ha impulsado un nuevo espíritu misionero en el mundo y ha iniciado una nueva forma de vida consagrada a imagen de los apóstoles. A su vez, en los Ejercicios Espirituales San Ignacio ha abierto la contemplación de los misterios de la vida de Cristo a las elecciones que el Señor ha hecho en nuestro favor para que de este modo nuestra vida se vaya conformando a la suya. En consecuencia, difícilmente se puede uno decir ignaciano si no recorre esta vía de la novedad.
Como ven, no tiene nada de extraño que el Padre Arrupe, fiel al espíritu del Vaticano II, avanzara sobre esta línea trazada ya por San Ignacio, consciente de que se trataba de una línea de cumbres, en cuyo recorrido pueden producirse caídas y accidentes de camino. Caminar siguiendo esta línea de cumbres para construir lo nuevo en nombre del Señor exige valor y prudencia. En este esfuerzo por introducir la novedad del Concilio, el Padre Arrupe hacía suyo lo que Su Santidad Juan Pablo II solicitaba a los profesores jesuitas de la Universidad Gregoriana de Roma: “Sabed ser día a día creativos, sin contentaros fácilmente de lo que ha sido útil en el pasado. Tened el ánimo de explorar nuevos caminos, aunque con prudencia”. Esta consigna del Santo Padre era muy adecuada, pues el post-Concilio comportaba para la Iglesia, y en particular para la Compañía de Jesús, peligros no ilusorios. Esto es, una especie de complacencia en no contemplar, en no volver a decir las maravillosas novedades del Concilio, a no ponerlas en práctica como consecuencia de una especie de miedo a comprometerse en un camino nuevo sin saber con anterioridad hacia dónde nos lleva y conduce. En ocasiones el Padre Arrupe se lamenta que también los jesuitas fallan en el intento: los mayores por sentirse tentados huyendo de la novedad, los más jóvenes por dejarse llevar por una precipitación inconsciente.

Sin embargo, esta resistencia pasiva que encuentra entre sus hermanos jesuitas al deseo de los Vicarios de Cristo en la tierra, de “poner en práctica la novedad del Concilio”, no desanima de ninguna manera al Padre Arrupe en su proyecto de mostrar las puertas que el Espíritu Santo ha abierto y que ya nadie podrá cerrar. Siguiendo el impulso del Concilio, y a su luz, quedaban muchas tareas por cumplir, con frecuencia sobre terrenos sin rutas marcadas, sin contar con mapas en los que aparezcan claramente los caminos a seguir. Tal y como lo repetía el papa Juan Pablo II, era necesario ir hacia delante, pero con prudencia.

Los pareceres sobre la interpretación de este consejo papal no concuerdan y el alcance de esta prudencia tampoco consigue la unanimidad. ¿Será acaso necesario en esta línea de cumbres medir los pasos, ralentizar o incluso echar marcha atrás? Apoyado en la experiencia de San Ignacio, el Padre Arrupe confía la prudencia al discernimiento orante: delante de Dios, en el Señor, la verdad toda entera es escrutada para leer lo que Dios quiere cumplir con nosotros. Se trata, como pueden comprobar, de una verdadera aproximación “holística”, que no se detiene en aspectos parciales o particulares de la realidad, y que tampoco se deja hipnotizar por las ideologías o corrientes al uso. No sigue ideas fijas y petrificadas, sino que selecciona de la larga historia de Dios con nosotros, de lo antiguo y de lo nuevo, lo necesario para construir la ciudad de Dios con los hombres, una tierra nueva y un cielo nuevo.

Esta apertura orante es la que caracteriza la prudencia del Padre Arrupe. En su forma de poner en práctica la novedad del Concilio, reconoce que el Espíritu nunca nos fuerza a volver hacia atrás, sino que, antes al contrario, nos alienta hacia una incesante búsqueda de la vía de Cristo. Así pues, alentados por el Espíritu, hemos de sopesar lo que hacemos para ver si, con el Señor, es lo que se podría hacer o se debería hacer. El Padre Arrupe subraya que coleccionar o interpretar los hechos es esencial, como también analizar las tendencias, pero no se trata todavía de un verdadero discernimiento. El auténtico discernimiento consiste en escrutar los signos de los tiempos y en interpretarlos a la luz del evangelio por medio de la oración sobre la realidad humana.

Está contento de ver que esta tarea delicada y ardua exige una constante transformación interior, una verdadera meta-noia o conversión al Cristo crucificado y, por otra parte, implica para nosotros una liberación de todo lo que puede turbar nuestro juicio u ocupar inútilmente nuestro corazón. De este modo se podrá permanecer constantemente a la escucha y disposición del Espíritu.

Gracias a este discernimiento orante, practicado en la Iglesia, con la Iglesia y por la Iglesia, el Padre Arrupe vive el “aggiornamento” del Concilio con intensidad. Tras la letra de múltiples documentos conciliares, reconoce la revelación del Espíritu que lo hace todo nuevo. En las fórmulas y expresiones de la letra percibe la nueva fe, expresión de la tradición viva y de la pasión por la unidad de toda la humanidad en su Señor. Aunque el cambio que actúa después del Concilio ha sido a veces demasiado rápido y desconcertante, y tiende a detenerse, el Padre Arrupe desea que el “aggiornamento” continúe, aunque solo sea por el simple hecho de que nuestro mundo cambia y evoluciona, obligando a la Iglesia a ofrecer nuevas respuestas ante nuevas necesidades. Si estas respuestas llevan ahora nombres bien conocidos como diálogo e inculturación, espiritualidad e Iglesia de los laicos, desarrollo y paz, la promoción de la justicia en el mundo a través de una neta y clara opción preferencial por los pobres, podemos decir que todas estas respuestas han tenido un lugar privilegiado en el “aggiornamento” según el Padre Arrupe.

También aquí se ha revelado toda la resistencia contra la puesta en práctica del Concilio, a pesar de toda la prudencia solicitada por el llorado Santo Padre Juan Pablo II. Si deseamos trabajar por la justicia de una forma seria y hasta sus últimas consecuencias, la cruz aparecerá de forma inmediata en nuestro horizonte. Si somos fieles a nuestro carisma sacerdotal y religioso, aun cuando actuemos con prudencia, veremos levantarse contra nosotros a aquellos que en la sociedad industrial de hoy practican la injusticia, a aquellos que por otra parte son considerados como excelentes cristianos y que quizá hayan podido ser nuestros bienhechores, nuestros amigos e incluso miembros de nuestras familias: nos acusarán de marxismo y de subversión. Nos apartarán su amistad y con ello retirarán su antigua confianza y su apoyo económico. ¿Estamos dispuestos a asumir esta responsabilidad de entrar en el camino de una cruz más pesada, a llevar las incomprensiones de las autoridades civiles y eclesiásticas y de nuestros mejores amigos? ¿Estamos nosotros mismos dispuestos a ofrecer un verdadero testimonio en nuestra vida, en nuestros trabajos, en nuestro estilo de vida?

Para el Padre Arrupe, este planteamiento era una consecuencia lógica de la novedad que supone para la Iglesia su ley fundamental, el mandamiento nuevo del amor, “amaos los unos a los otros como yo, Jesús, os he amado y así conocerán que sois mis discípulos” (Juan 13, 34). ¿Era previsible, y hasta cierto punto rutinaria, la indignación que ha suscitado tal planteamiento? El mandamiento nuevo del amor nos invita siempre a dar el primer paso para la reconciliación, a saludar fraternamente a los que no nos saludan, a amar no solamente a los que nos son prójimos, sino también a los que se alejan de nosotros -amigos y enemigos-. Aún más, en nuestra caridad cristiana no hemos de contentarnos con dar de nuestras cosas, sino darnos a nosotros mismos, nuestra vida, y ser así a imagen del Señor una persona al servicio de los demás.

Es claro que todo nuestro egoísmo reacciona con fuerza contra este mandamiento nuevo, aun cuando no hayamos hablado para nada de la injusticia en el mundo, de la opresión y de la esclavitud, lacras también de nuestro tiempo, así llamado moderno, que mantiene en circunstancias intolerables que los medios de comunicación colocan ante nuestros ojos y que el mundo de los pobres ha de tolerar sin esperanza y sin apoyo.

En su esfuerzo por dar un nuevo impulso al nuevo mandamiento y llevarlo hasta sus últimas consecuencias, el Padre Arrupe se reconocía en estrecha continuidad con el Concilio y los sínodos, con las declaraciones de los papas y de los obispos, si bien por costumbre y prudencia sus exigencias prácticas no alcanzaban la línea de cumbres que el Padre Arrupe desea seguir. Cualquier conversión a lo social podría alejar al cristiano de la espiritualidad, aun cuando tal alejamiento no es de ninguna forma indispensable. Toda opción y lucha por la liberación de los oprimidos, toda defensa de los pobres y todo testimonio de la justicia puede conducir a la injusticia de la violencia y del odio, aunque este cambio de valores no se impone de forma fatalista. Mientras el Papa Juan Pablo II afirma que no es suficiente la lucha por la justicia en contra de las estructuras injustas y que es necesario que dicha lucha esté al servicio de la caridad y condicionada por ésta, el Padre Arrupe, con una posición que me permito señalar más matizada, subraya en primer lugar que no toda caridad es de por sí auténtica. Esta caridad puede ser falsa y no es más que aparente, es decir, viene a ser una injusticia camuflada cuando más allá de la ley se concede a una persona por benevolencia aquello que le es debido en justicia. En concreto, la limosna no puede ser una especie de subterfugio último para no cumplir con una persona la justicia a la que tiene derecho.

Por otra parte, el Padre Arrupe se muestra menos reticente con respecto a la justicia, pues jamás se ha hablado tanto de la misma y a su vez jamás se le ha despreciado de una forma tan flagrante. Sigue a su Santidad Juan Pablo II en la convicción de que la caridad, como amor al prójimo y promoción de la justicia, se encuentran inseparablemente unidas al nuevo mandamiento del amor. La lectura que el Concilio hace del evangelio confirma que no se ama si no se hace justicia y que la justicia se degrada y se convierte en injusticia si a su vez no se practica con amor.

Por decirlo aún más claramente, su confianza en la justicia vivida a la luz del evangelio apunta a esta expresión y matiz nuevos: la justicia vivida como seguimiento del evangelio es de por sí el sacramento del amor y de la misericordia de Dios. De esta manera, el Padre Arrupe desea reafirmar, en línea con la más pura tradición ignaciana, que el amor no se ha de poner en las palabras, sino que se ha de traducir en acciones concretas de justicia.

Se trata de la novedad del Concilio que lleva hasta sus últimas consecuencias el nuevo mandamiento del amor, aun con el riesgo de presentarlo como una utopía y de suscitar la desconfianza y la sospecha al descubrir, desde esta perspectiva, la dimensión social del evangelio. Cuando posteriormente aparezca la cuestión del diálogo con el mundo, no solamente a nivel de las religiones y de los creyentes, sino también en el contexto de las grandes ideologías, el padre Arrupe, en vez de cerrar a priori y de golpe la puerta del diálogo, impulsa en la Compañía la exigencia de estudiar los elementos positivos de dichas ideologías. En el caso concreto del marxismo, mantiene con firmeza que la Compañía de Jesús no puede aceptar nunca una ideología que tenga como fundamento esencial el ateísmo. Pero a su vez, afirma con claridad que se ha de estudiar con seriedad y a conciencia lo que tenga de verdad. Y esta postura fundamental, la aplica como una necesidad en el diálogo con el marxismo, otras ideologías y otras religiones.

¿No hemos de reconocer como una novedad del Concilio, que cree en la presencia de las “semina Verbi”, los elementos válidos presentes en el hinduísmo, el islam, el budismo y en otras religiones? ¿No hemos de reconocer tales “semina Verbi” como un punto de partida para un diálogo constructivo con el otro? Una vez más el Padre Arrupe se ha adelantado para caminar por la línea de cumbres, al proclamar la novedad del espíritu del Concilio hasta en las exigencias de apertura y de diálogo. Su lenguaje, en su contenido y en su expresión, es totalmente fiel a la petición del Señor que nos dice que “nuestro sí sea sí, y nuestro no sea no”, sin ambigüedad lingüística, sin hábil diplomacia. En este lenguaje franco y claro, el punto de partida lo señala siempre la situación del hoy: no se pierde en comparaciones con el pasado a la hora de acoger la novedad siempre presente en las perspectivas del mañana. De hecho, tales perspectivas las ha desplegado Aquél que ha de venir para hacer todas las cosas nuevas. Es precisamente en la búsqueda de formas nuevas donde se presenta el cambio que viene del Espíritu en el contexto actual. Puesto que Aquel que hace nuestra historia es el alfa y la omega, el que era, el que es y el que será. El Padre Arrupe no puede imaginarse un cambio que estuviera en ruptura radical con el pasado, o una discontinuidad que supusiera el abandono de una santa tradición, pues si así fuera se trataría de un vacío que nada lo podría llenar.

En este sentido, hemos de reconocer que la introducción de la dimensión social en el cuerpo de la Iglesia se halla en continuidad con el contenido del mandamiento nuevo del Evangelio. Y por lo que se refiere a la Compañía de Jesús, el apostolado social, sin duda, estaba ya en ciernes en la acción social de San Ignacio. Continuidad, ciertamente, pero también cambio y novedad. Es oportuno recordar, en este punto, que Su Santidad Benedicto XVI ha reconocido a San Ignacio como un santo social, y permítanme que solamente lo cite a él entre tantos otros testimonios de la Historia que así lo confiesan. En consecuencia, ver en todo este proceso únicamente una especie de capitulación ante las ideologías marxistas o socialistas sería sencillamente una falsa interpretación.

Todo lo que el Padre Arrupe ha realizado ha sido una respuesta fiel a la llamada del Papa Juan Pablo II, quien decía que la Iglesia esperaba hoy de la Compañía que contribuyera eficazmente a la puesta en práctica del Concilio Vaticano II, que de este modo hiciera avanzar a toda la Iglesia sobre la vía trazada por el Concilio y que convenciera a los que por desgracia se hallaban tentados por los caminos del progresismo o del integrismo (27.02.1982). Con anterioridad, puesta su confianza en la fuerza espiritual de la Compañía, que se fundamenta en la experiencia de Dios a través de San Ignacio, el Papa Pablo VI (1974) había designado a la Compañía de Jesús como el lugar en el que la novedad del Concilio debería tomar forma. “Vuestra Compañía, por así decirlo, es un test de la vitalidad de la Iglesia a través de los siglos, constituye una especie de cruce de caminos, en el que confluyen de una manera muy significativa las dificultades, las tentaciones, los esfuerzos y las realizaciones, la perpetuidad y el éxito de la Iglesia entera”.
Sobre esta línea de cumbres encontramos al Padre Arrupe, que camina por delante. Trata de recibir la novedad del Concilio, en cuyo seno se desarrolla la hermenéutica de la reforma, de la renovación en el interior de la continuidad con una Iglesia viva, pues es el Señor quien da la Vida. Aplicando esta terminología introducida por el papa Benedicto XVI, esta hermenéutica de la reforma se distingue claramente de una hermenéutica de la ruptura y de la discontinuidad, en la que el cambio se busca únicamente por el cambio, como si la Iglesia tuviera que re-fundarse y no re-formarse (22.12.2005).

Estas referencias pontificias que acabo de mencionar, aplicadas a la actuación renovadora del Padre Arrupe, podrían extrañar a quien lee este capítulo de la historia postconciliar únicamente como un conflicto de la Compañía con el Papado. La documentación de cartas y de discursos de los papas a los que he mencionado no contradice en modo alguno las nuevas orientaciones defendidas con rigor y con fervor por el Padre Arrupe. Al mismo tiempo, es un deber reconocerlo, tal documentación contiene señales de precaución, de preocupación y de reservas con respecto a este camino hacia delante por la línea de cumbres. En el interior de la Compañía las preocupaciones de los papas eran utilizadas en diversas partes para fomentar una resistencia contra la renovación lanzada por el Padre Arrupe. A su vez, algunas expresiones del Padre Arrupe eran interpretadas a la ligera como una justificación de iniciativas y conductas extrañas a la misión de la Compañía, dando un peso casi dominante a la promoción humana y únicamente al progreso social.

Tanto las decisiones del Concilio, como la puesta en práctica del mismo que el Padre Arrupe deseaba impulsar, exigían la irrupción del Espíritu de Dios en lo concreto de nuestra historia y no una simple reorganización. Como lo he recordado al principio, el mismo Padre Arrupe constataba que los hombres, tenemos una extraordinaria capacidad de inventiva a la hora de situar barreras al paso del Espíritu. Y por ello, el Evangelio se convierte en letra muerta y no somos ya capaces de comprender el radicalismo del mensaje evangélico. Lo minimizamos por causa de nuestro egoísmo desenfrenado y no llevamos a cabo las reformas personales y sociales necesarias, pues tenemos miedo de las consecuencias que resultarían para nuestras personas.

El Padre Arrupe está profundamente convencido de una cosa: sin una conversión personal profunda, no estaremos en condiciones de responder a los desafíos que se nos lanzan hoy en día. Y así, tratando de vivir incluso con dolor este valor conciliar que es el respeto al otro en su libertad de elección, rechaza recurrir a argumentos de autoridad y de poder para imponer lo que él sabía que venía del Espíritu. Su actitud será la de proponer con toda su fe, no la de imponer, aun a riesgo de ser acusado de debilidad o de segundas intenciones. ¿Cómo evitar las ambigüedades de una palabra de Dios expresada en palabras humanas? Es el precio a pagar por ir por delante abriendo camino sobre una línea de cumbres.

Las dos últimas homilías del Padre Arrupe reflejan esta figura que vengo delineando: no la de una audaz, sino la de un renovador total. En Manila pronuncia una homilía que contiene este primer testimonio: “me refiero a la re-formulación del fin de la Compañía, desde la defensa y la propagación de la fe al servicio de la fe y promoción de la justicia. La nueva fórmula no es, en modo alguno, reductiva, des-viacionista o dis-yuntiva: más bien explicita elementos contenidos en germen en la antigua formulación, gracias a una referencia más expresa a las necesidades presentes de la Iglesia y de la humanidad, a cuyo servicio estamos comprometidos por vocación”. Toda la figura y todo el mensaje del Padre Arrupe quedan expresados en este denso sumario.
La otra homilía es la de comienzos de septiembre de 1983, pronunciada en La Storta, lugar ignaciano por excelencia, en el que Ignacio experimenta el cumplimiento de su oración de ser puesto con Cristo como su compañero, servidor de la misión del Señor. El Padre Arrupe no estaba en condiciones de pronunciar esta homilía que él había redactado personalmente: “Pido al Señor que esta celebración, que para mí es un adiós y una conclusión, sea para Ustedes y para toda la Compañía aquí representada, el inicio, con renovado entusiasmo, de una nueva etapa de servicio”.

Durante los nueve años que seguirán a estas palabras, sumido en una inutilidad aparente, incapacitado para la comunicación, capaz únicamente de sufrir una lenta agonía, el Padre Arrupe se siente más que nunca en las manos del Señor. Son sus palabras. Considera su figura sufriente como el cumplimiento de lo que él ha deseado durante toda su vida: la profunda experiencia que hoy el mismo Señor tiene toda la iniciativa.

Este será también un mensaje vivido por todos los compañeros que se encuentran en la plenitud de la vida activa: que no se agoten en el trabajo, que el centro de gravedad de sus vidas no esté en las cosas a hacer, sino en Dios (cfr. 03.09.1983). El mensaje que os dirijo hoy, es un mensaje de plena disponibilidad al Señor. Que busquemos sin cesar lo que hemos de hacer para su mayor servicio y que lo pongamos en práctica del mejor modo posible, con amor, despojados de todo. Tengamos un sentido muy personal de Dios.

Ésta es la figura y mensaje del Padre Pedro Arrupe nacido en esta Villa de Bilbao hace un siglo.
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Saturday, June 19, 2010

EX-JESUITA GERARD BOUFFARD SU TESTIMONIO Y SU VERDAD


miércoles, enero 07, 2009
EX-JESUITA GERARD BOUFFARD SU TESTIMONIO Y SU VERDAD HOY CRISTIANO LAVADO POR LA SANGRE DE CRISTO

Extracto del Traductor: Un antiguo Obispo de Guatemala afirma que los Jesuitas 'controlan el Vaticano a través del Papa Negro, y son los controladores espirituales del nuevo orden mundial'
«A través de la historia, la Orden Jesuita se ha relacionado con la guerra y el genocidio, siendo expulsada oficialmente de muchos países, incluyendo Francia e Inglaterra. Como los investigadores afirman que los Jesuitas son los verdaderos controladores espirituales del nuevo orden mundial, el autor Phelps también ha pedido el destierro de la orden en EE.UU. Sin embargo, con más de 28 universidades importantes de costa a costa, la orden ha creado un fuerte equilibrio político y financiero aquí, incluyendo el control secreto del Consejo de Relaciones Exteriores y el control de muchos bancos como el Banco de América y del sistema de actividades bancarias de la Reserva Federal, haciendo de la llamada de Phelps para el destierro una tarea improbable si no difícil.»


Confesión No. 16: Antiguo Obispo de Guatemala Dice que los Jesuitas Controlan al Vaticano y Son los Controladores Reales Espirituales del Nuevo Orden Mundial. El Obispo Gerard Bouffard dice que el Jesuita General, Fr. Peter Hans Kolvenbach( HOY EL NUEVO PAPA NEGRO DE LOS JESUITA ESEL ESPAÑOL(OJO ESPAÑOL) ADOLFO NICOLAS, da las órdenes de marcha al Papa. Él también respalda las acusaciones hechas por el último Fr. Alberto Rivera acerca de la malvada Orden Jesuita. El Obispo anterior Gerard Bouffard de Guatemala dijo que el Vaticano es “el verdadero controlador espiritual” de los Illuminati y del nuevo orden mundial, mientras los Jesuitas, a través del Papa Negro, el Jesuita General Fr. Peter Hans Kolvenbach, controlan realmente la jerarquía vaticana y la Iglesia Católica Romana. El Obispo Bouffard, que dejo la Iglesia Romana y ha nacido otra vez a una vida cristiana en Canadá, basó su conclusión después de trabajar seis años como sacerdote del Vaticano, asignado a la tarea de pasar correspondencia diaria, sensible entre el Papa y los líderes de la Orden Jesuita, residía en Borgo Santo Spirito 5 cerca de la Plaza de San Pedro. “Sí, el hombre conocido como el Papa Negro controla todas las decisiones importantes tomadas por el Papa y él a su vez controla a los Illuminati,” dijo el Obispo Bouffard la semana pasada en el programa de radio de Greg Szymanski, “El Diario Investigador”, en www.gcnlive.com donde se pueden oír en su totalidad archivos de declaraciones alarmantes. “Sé esto que esto es verdad puesto que trabajé durante años en el Vaticano y viajé con el Papa Juan Pablo II. El Papa toma sus órdenes se marcha del Papa Negro como también los jesuitas son los líderes del nuevo orden mundial, con la tarea de infiltrar otras religiones y gobiernos del mundo para producir un gobierno mundial fascista y una religión mundial basada en el Satanismo y Lucifer. “La gente no puede imaginarse cuánto mal y cuánta destrucción han causado y causarán ellos mientras que, al mismo tiempo utilizan la cubierta perfecta para ocultarse detrás de los trajes negros y de profesando ser hombres de Dios.” El conocimiento de primera mano del Obispo Bouffard del mal que está al acecho dentro de la jerarquía del Vaticano y particularmente de la Orden Jesuita confirma el testimonio de otros investigadores, incluyendo Bill Hughes, autor de los libros impactantes “El Enemigo Desenmascarado” y “Los Terroristas Secretos”, así como el investigador preeminente de la Orden Jesuita, Eric Jon Phelps, autor de “Los Asesinos del Vaticano”. Además de pintar un cuadro oscuro del Papa Negro en Roma, el Obispo Bouffard afirma que el poder malvado de los Jesuitas se extiende a través del mundo, incluyendo una infiltración sólida en el gobierno de EE.UU., el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y organizaciones religiosas importantes. El Obispo Bouffard afirma que los Jesuitas actúan como perfectos camaleones, adquiriendo la identidad de Protestantes, Mormones, Bautistas y Judíos con la intención de producir la caída de EE.UU. así como traer el país bajo una religión mundial con base en Jerusalén y bajo el control de su líder, Lucifer. “Sé de primera mano que el Vaticano controla y supervisa todo en Israel con la intención de destruir a los judíos,” dijo el Obispo Bouffard, añadiendo que el verdadero propósito de la Orden Jesuita es orquestar y controlar a todos los líderes del mundo para producir un conflicto mundial importante que destruirá con el tiempo a EE.UU., Oriente Medio e Israel. “Destruyen todo desde dentro y también desean producir la destrucción de la Iglesia Católica, también, para introducir una religión mundial basada en el Satanismo. Esto también se ve en el modo de adoración de los sacerdotes de la manera en la misa, adorando realmente a los muertos. También se ven signos de satanismo en muchos símbolos externos, costumbres y vestiduras exteriores exhibidas por la Iglesia.” Después de su servicio en Roma, el Obispo Bouffard pasó un tiempo en África y Guatemala, elevándose a una posición de poder dentro de la Iglesia. Sin embargo, con este poder religioso vino la afiliación y el ingreso como francmasón, llegando a ser un miembro masónico del grado 37, algo supuestamente desaprobado en la Iglesia Católica Romana puesto que, según la Ley del Canon, la pertenencia a una logia masónica trae la excomunión inmediata. Según el Obispo Bouffard, la Iglesia utiliza a la Francmasonería para llevar a cabo sus planes secretos, ya que muchos otros sacerdotes de alto nivel, obispos, cardenales e incluso papas se han unido a sociedades secretas junto con otros en posiciones de poder en otras religiones y gobiernos, muchos trabajando juntos para impulsar la agenda malvada Illuminati. Y sus declaraciones respalda los informes que emergieron en periódicos italianos y franceses a principios de los años ochenta, informando que más de 150 sacerdotes de alto nivel pertenecen a la Francmasonería, incluyendo la Logia Masónica P2 y otras sociedades secretas. “Finalmente nací otra vez y denuncié a la Iglesia Católica,” dijo el Obispo Bouffard, que ahora es un cristiano practicante siguiendo la palabra de Dios a través de la Biblia. “Debemos rezar siempre para que nuestros líderes denuncien el mal abiertamente y expongan a los Jesuitas por lo que son realmente.” Después de salir de la Iglesia, el Obispo Bouffard también pidió disculpas y pidió su perdón al último sacerdote jesuita Fr. Alberto Rivera. Rivera fue uno de los pocos curas jesuitas con la valentía de exponer las intenciones malvadas de la Compañía de Jesús, presentándose y contando cómo trabajó como uno de los infiltrados de la Orden Jesuita en EE.UU. con un trabajo de infiltración en las iglesias Protestante y Bautista con el propósito de destruirlas desde dentro. “Cuando yo era Obispo y aún leal a la Iglesia, escribí una vez una carta denunciando al Hermano Rivera y abogando por su muerte,” dijo el Obispo Bouffard. “Cuando me di cuenta de la verdad, busqué al Hermano Rivera y pedí su perdón. Nos hicimos buenos amigos y sé que él decía la verdad. Él era un honesto de muchos que también encontraron a Dios. “Sé que los jesuitas trataron de cambiar la verdad, diciendo que él nunca fue sacerdote y destruyendo toda la evidencia que lo respaldaba. Ellos han tratado de hacer lo mismo conmigo, pero Fr. Rivera contaba la verdad indiscutiblemente. Sé eso de hecho e incluso estuve con él varias semanas antes de su muerte. Él sufría terriblemente después de haber sido envenenado con ácido. Como dije, ustedes no pueden imaginar el sufrimiento y la destrucción que ha sido y será ocasionada por los Jesuitas” En un artículo titulado “Alberto: The Big Brou-haw-haw”, un escritor desconocido que siguió la carrera del Obispo Bouffard y su conexión con Fr. Rivera tenía esto para decir, incluyendo la dificultad del Vaticano al tratar de ocultar las acusaciones de Rivera y de Bouffard: “Luego está el testimonio de corroboración proporcionado por Fr. Gerard Bouffard. Él fue un Obispo de alto rango nacido en Quebec, Canadá. Él se elevó desde los niveles más bajos de sus órdenes para hacerse un ayudante durante muchos años de papas tales como Pablo VI y Juan Pablo II. Él se convirtió al protestantismo y afirma que él fue el hombre que recibió la orden de eliminar a Rivera. En un documento titulado “Descubriendo el misterio detrás de los símbolos católicos”, Bouffard muestra una pluma de lujo plateada de oro de 18 quilates que contiene una tinta (invisible) especial que desaparece con la cual las autoridades del Santo Oficio firman documentos de alto secreto. Él afirma “con esta pluma que sostengo, firmé la orden de matar al Doctor Rivera”. ¡Una materia de capa y espada bastante dramática! Su alta posición anterior de alto perfil haría de él un blanco fácil para desacreditarle... Sin embargo el silencio es ensordecedor. “El Vaticano también tiene sus propios problemas de credibilidad para luchar contra él. Desde un contexto histórico, las afirmaciones de Alberto de ser un jesuita trabajando clandestinamente para destruir iglesias protestantes no está tan lejano como podría parecer. Los Jesuitas se crearon en 1.541 por San Ignacio de Loyola para ese mismo propósito (aunque algunos jesuitas discuten esto, naturalmente). Ellos se implicaron en incontables trucos sucios, asesinatos y conspiraciones traicioneras durante su día del heno. La Oficina de la Inquisición fue un crecimiento externo de su misión que dio lugar a la tortura y/o al asesinato de millones de personas inocentes por ‘herejía’. Ese departamento desde entonces se ha vuelto a llamar El Santo Oficio, pero los jesuitas nunca se han incomodado con un cambio de nombre. También es incierto cuánto han cambiado sus metas con el tiempo. Ninguna de las dos organizaciones es muy transparente y ambas sirven a los intereses del Papa. Las malas reputaciones no se olvidan fácilmente. consistencia asombrosa. Ciertamente hay otras conspiraciones que se ha soñado y que son igualmente intensas e intrincadas. La conspiración del asesinato de JFK y la conspiración ovni Majestic 12 vienen primero a la mente. Pero estas conspiraciones se crearon y mejoraron por cientos de personas durante un largo periodo de tiempo.

Greg Szymanski

video en Frances hay muchos testimonio a los 7 minutos comienza
Publicado por ELIAS en 19:35
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Saturday, June 12, 2010

Haciendo un poco de historia...



Haciendo un poco de historia...

"Esta es mi postura, no puedo hacer de otra manera, Dios ayúdame, Amen" Martin Lutero.

Así como lo dijo Lutero, esta será mi postura, mi credo, que mas allá de pensamientos humanos, es a la luz de la Palabra de Dios.

En esta sección expondré un poco de historia...

En 1545 la Iglesia Católica, ideo lo que se llamó la "Contra Reforma" destinado especialmente a contrarrestar el avivamiento religioso, llamado la Reforma protestante, este concilio se llevo al cabo en Trento, por lo cual se lo conoce como el "Concilio de Trento" Como Martin Lutero y todos sus contemporáneos (Juan Calvino, Juan Knox, etc.) leían y estudiaban la Biblia, ellos leyeron las profecías y todas ellas apuntaban y coincidían plenamente de que el papado Romano era la bestia que habla Apoc.13. y Daniel 7:23-28.

El "trabajo sucio" de contraatacar esta enseñanza que estaba en nuestras iglesias protestantes de aquel entonces, fue encargado a dos personajes jesuitas, Francisco Ribera y Luis de Alcázar. Su tarea: REINTERPRETAR las profecías del "hombre de pecado" "el cuerno pequeño" y "la bestia.
Luis de Alcázar creó la Escuela Preterista la cual ensenó que el "anticristo, la bestia, el pequeño cuerno" eran y todos apuntaban a Nerón, y que los eventos apocalípticos ocurrieron ya en el pasado.

Francisco Ribera, en cambio ideó y creó la Escuela Futurista, la cual apuntaban a que “la bestia, el pequeño cuerno y el hombre de pecado" sería una persona que se manifestaría en los últimos tiempos, es decir en el futuro.¿Qué fue lo que logro la Iglesia Católica con esto? Es fácil, lograr confundir a la gente de que la Iglesia Católica no era "la bestia, el pequeño cuerno, ni mucho menos el hombre de pecado" Una escuela apuntaba al pasado...y la otra al futuro lejano...
inteligente idea, pues finalmente y después de mucho intentar, estas ideas se metieron en nuestras iglesias, allá por 1826, la escuela que mas tuvo impacto fue la escuela futurista, cuando el Dr. Samuel Maitland, descubrió los trabajos de Ribera en el arzobispado de Canterbury, y de allí lanzó sus tratados y escritos acerca de esta "nueva ideología". Más tarde en 1830 el Pastor Edward Irving, de la iglesia presbiteriana, aceptó esta idea y comenzó a enseñar que la segunda venida de Cristo seria en 2 fases, una para llevar a su iglesia y que la misma no pase por la "gran tribulación de 7 años" (concepto erróneo que veremos más tarde) y la otra para juzgar al mundo..! Estas ideas tomaron mas forma con el tiempo, con la ayuda de "ministros" como John Darby, Cyrus Scofield (autor de las Biblias con referencias) y algunos otros...los cuales se encargaron de implementar el "virus" diabólico de las enseñanzas jesuitas en nuestras iglesias bautistas, pentecostales, presbiterianas, etc.

Todo esto dio pie a lo que hoy conocemos como películas, libros, "Dejados Atrás" "Como ladrón en la noche" los cuales siguen engañando a nuestra gente.

Pero, ¿a partir de qué año se implemento esta doctrina? todo apunta a 1830, y lo más triste es que esto se filtró en los seminarios teológicos, escuelas bíblicas, iglesias, ¿con la ayuda de quien? Con la ayuda de los farsantes jesuitas, estas personas se encargaron de esparcir sus doctrinas en todo la iglesia protestante, el temor de ellos es que más personas sepan lo que Lutero y demás contemporáneos siempre lo predicaron, lo cuales categóricamente afirmaban que la bestia, el hombre de pecado, y el cuerno pequeño ERA EL PAPADO ROMANO. Mateo 24, 1 Tes. 4:13-18 ; 5:1-6; 1 Cor. 15:51-54 en estos pasajes está la clave de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesús, si pueden notar Jesús utilizo un paralelo con el diluvio y Noé, (Mat.24:37-39) dice que vino el diluvio (previamente no entendieron) y se los llevo a todos, en ninguna parte dice que Dios llevo secretamente a Noé en un arca invisible y que las personas tuvieron una segunda oportunidad. Es más, luego en el versículo 40 dice: "ENTONCES estarán dos en el campo, el uno será tomado, y otro será dejado...etc." o sea después de toda tribulación (sellos, trompetas, copas) allí vendrá el Señor VISIBLEMENTE para que TODA LA TIERRA LO VEA...TODO OJO LO VERA.

Iglesia de Cristo, es hora, de pararnos y decir como Lutero: "Esta es mi postura, no puedo hacer de otra manera, Dios ayúdame, Amen"

Pastor Arnaldo Achucarro

Des Moines, IowaU.S.A.

Fuente: http://doctrinareal.blogspot.com/2009/12/haciendo-un-poco-de-historia.html

Gracias, Pastor Arnaldo!
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Saturday, June 5, 2010

Mensaje final de la XX Asamblea de superiores mayores de América Latina


Publicada en 31.05.2010

Guatemala, 30 de mayo de 2010


A nuestros hermanos jesuitas y con quienes colaboramos en el servicio apostólico de la misión.

En el marco de las solemnidades de Pentecostés y la Santísima Trinidad, rogándole al buen Dios nos conceda a todos su Espíritu para anunciar la Palabra en medio de nuestra realidad sufrida y pascual, los superiores mayores de América Latina y el Caribe queremos saludarles y hacerles participes de nuestro camino de deliberación, que ha sido a la vez el de todos Uds.

Nos hemos encontrado en Guatemala, en la XX Asamblea de CPAL del 24 al 29 de mayo, en la casa de retiro Verbo Encarnado, con la finalidad fundamental de avanzar en el camino ya emprendido hace un año de construir colectivamente nuestro Proyecto Apostólico Común (PAC). Al orar y trabajar en conjunto, nos hemos sentido parte de un cuerpo que se preocupa, no sólo por lo que ocurre como misión en cada obra o provincia, sino por nuestra realidad colectiva. Es el mismo Ignacio quien nos invita a mirar con la Trinidad “la planicie o redondez del mundo lleno de hombres” para desde allí asumir los retos que nuestros pueblos nos plantean.

De esa mirada universal, que se concreta en el sí de María en el caserío de Nazaret, y frente al trabajo ya realizado por múltiples comunidades, obras, sectores y colaboradores nuestros, han brotado un conjunto de prioridades, que sin negar la multiplicidad de trabajos que la misma Compañía de Jesús lleva adelante, nos ubica ante los retos de la misión en sentido continental.
En un clima de oración, discernimiento y unión de ánimos hemos seleccionado seis prioridades para nuestro trabajo colectivo. Las mismas serán presentadas por el Presidente de la CPAL mediante una carta, donde explicará el alcance y motivación de las mismas. Dichas prioridades tienen por finalidad establecer aquellos opciones que como colectivo latinoamericano queremos enfatizar y de este modo colaborar en el proceso de reflexión y planificación apostólica que tenemos en cada provincia.

Junto a este trabajo, y a modo de composición de lugar, hemos escuchado las tragedias humanas vividas en Haití y Chile. Para ello nos acompañó el P. Daniel LeBlond, Provincial del Canadá Francés y Haití, a quien agradecemos su presencia. Pensando en las víctimas y el trabajo que la Compañía de Jesús puede desarrollar en esas circunstancias, se encargó a la presidencia de la CPAL la elaboración de un protocolo para abordar situaciones de emergencia...


Para leer el texto completo en español, haga clique en el siguiente link: Mensaje final de la XX Asamblea de superiores mayores de América Latina

Para ler o texto completo em português, clique no link a seguir: Mensagem final da XX Assembléia de superiores maiores da América Latina.


Fuente: http://www.cpalsj.org/

*Conferencia de Provinciales Jesuitas en America
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Friday, May 28, 2010

Los Illuminati (La Trampa Y El Complot)




Los Illuminati (La Trampa Y El Complot)
(Luis Miguel Martinez Otero)

Los Illuminati (La Trampa Y El Complot)160 páginas

Venta
Sin stock
$ 9.690
Fundada en Baviera el 1º de mayo de 1776 por Adam Weishaupt, alumno aventajado de los Jesuitas, la Orden de los Illuminati nacio con un objetivo claro y preciso: acabar con la Monarquia y la Iglesia. Para lograr sus metas establecieron alianzas con la Masoneria. Con todo, los Illuminati fueron flor de un dia: el Elector de Baviera los prohibio en 1784 y Weishaupt tuvo que exiliarse. Su desmedida ambicion internacionalista, comunista y anarquista ha dejado una estela que aun perdura en el imaginario de los que se estiman expertos en conspiraciones y complots.
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En 1785, disuelta la Orden en Europa, se funda en la ciudad de Nueva York una logia que se reclama heredera de los Illuminati de Baviera. Sus influencias en el mundo politico y economico seran enormes y quedaran inmortalizadas en los simbolos que aparecen en el billete del dolar. Trabajando en el secreto y en la sombra, los Illuminati estarian infiltrados en el mundo de la publicidad, en la prensa, la banca y los gobiernos, cumpliendo a marchas forzadas su mision globalizadora: establecer un Nuevo Orden Mundial.

Autor:
Luis Miguel Martinez Otero
Género:
Historia
ISBN:
849777128
Editorial:
Ediciones Obelisco ()
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Descargar PDF Los Illuminati o los iluminados de Ba Los Illuminati o los ...
representaban los Illuminati para la Iglesia Católica y las ... aprobó un edicto contra los Illuminati , Masones y cualquier otra sociedad secreta . ...
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“Que nos abramos unos a otros para aprender”


“Que nos abramos unos a otros para aprender”
Shadi Azadegan C.
END - 21:38 - 21/05/2010

Cuando en enero de 2008 fue elegido Superior General de la Compañía de Jesús, el primer gesto del sacerdote jesuita Adolfo Nicolás Pachón, fue ir adelante y dar un saludo japonés “Oyigi suru”, en señal de agradecimiento a sus hermanos jesuitas. Fueron esa misma sencillez y cercanía las expresiones que más lo caracterizaron en su reciente visita a Nicaragua.

El sacerdote Nicolás compartió un mensaje de apoyo y de liderazgo, haciendo énfasis en que no se puede evangelizar, si no se vive y se tiene contacto directo con la realidad. “Si no conocemos a la gente, si la gente no nos toca y nos conmueve, es muy difícil servirles”, expresó.

Recordó a los colaboradores de las distintas obras jesuitas que trabajan en el país, que “el apego al privilegio de ser llamados ‘los elegidos’ es, y ha sido siempre, la tentación de la Iglesia y todas las religiones y denominaciones. Todo aquel que presenta un mensaje de salvación, un mensaje de esperanza, un mensaje que va más allá de nuestra vida ordinaria, se agarra al privilegio de decir ‘yo tengo la verdad’. ‘Nosotros somos lo que sabemos. No vosotros’. Por eso se da esta crisis, y hoy es la misma tentación que se tiene en el mundo, a nivel económico, a nivel político, a nivel religioso. Todos, tarde o temprano, terminamos siendo traficantes, vendedores y viajantes. Siempre estamos vendiendo democracia, sistemas económicos, acciones o religiones. Esto es una tentación eterna”.
La Universidad debe tocar la realidad
Durante su visita a la UCA, el Superior General expuso que una Universidad debe tener apertura total, “abrirse a las ciencias, a la verdad, a las personas, a lo profundo y totalidad de la realidad, y para eso debemos exponernos”.

Además, mostró su satisfacción por estar presente en la celebración del 50 aniversario de la UCA, y confía que ésta, siendo el sitio más importante para contribuir al futuro, continuará poniendo todo su empeño en brindar un nuevo orden y esperanza, al buscar modos de vida más justos y amigables.

Por otra parte, Jesús Manuel Sariego, S.J., ex Vicerrector General de la UCA y actual Provincial de la Compañía de Jesús para Centroamérica, hizo referencia a la transformación de la UCA a lo largo de los años. “La UCA ha cambiado en varios aspectos, es más que una academia, porque tiene una verdadera presencia en todo el país”, dijo.

“La Universidad Centroamericana, en este año tan especial que renueva su misión al celebrar sus primeros 50 años de existencia, quisiera agradecer la visita del sacerdote Adolfo Nicolás a nuestro país, más aún porque lo hace en tiempos difíciles”, expresó la doctora Mayra Luz Pérez Díaz, Rectora de la UCA. “Tenga la seguridad de que sus palabras quedarán en el corazón de nuestras obras como la semilla que al germinar florece cada día con nuevas tonalidades y sugerencias”, agregó.
Justicia, cultura y educación para todos
“La educación es la mejor contribución que podemos hacer a nuestra sociedad, país y mundo. Debemos educarnos bien para poder transformar nuestra nación y así contribuir a un proyecto global”, dijo el Superior General, quien también comentó sobre la importancia de que la justicia, cultura y educación lleguen a todos los ciudadanos de manera uniforme, como herramientas esenciales para erradicar los males socioeconómicos que afectan a nuestro país.

Para la hermana Melisa Guzmán, Directora del Colegio Jesuita “Nuestra Señora de Guadalupe”, en Ciudad Sandino, Managua, la visita del Superior “es un momento de gracia, de reafirmar nuestra labor y lo que nos motiva, porque lo que buscamos es el desarrollo integral de los estudiantes, a través de una educación de calidad”.

“He mantenido las enseñanzas jesuitas, creo que son valores que nos hacen llevar una vida no sólo cristiana, sino de ayuda a los demás. Nos hacen seguir el lema de San Ignacio de Loyola: En todo amar y servir”, comentó Rafael Chamorro, ex alumno del Colegio Centroamérica y egresado de la UCA, donde también ocupó el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas.

En el intercambio con estudiantes del Colegio Centroamérica y del Instituto Loyola, el Superior General comentó sobre la necesidad de mantener la identidad y mirada de país a pesar de las dificultades que enfrentamos. “Nicaragua es un pueblo caluroso, amable y abierto. Estos dones no deben perderse”, dijo.

Instó a los jóvenes a buscar el crecimiento personal y espiritual. Relatando su experiencia en Japón, comentó sobre las características culturales de los países de Oriente, y cómo la capacidad de reflexión, la aceptación y la tolerancia pueden beneficiarnos a todos. “Debemos aceptar a los que son distintos, para crecer, ampliar nuestros horizontes, y hacer la vida más humana, abierta y creativa”, dijo el líder de los jesuitas.

También reflexionó sobre la misión jesuita y cómo ésta ayuda al desarrollo de un mundo que cada día parece tener más dificultades. “Nuestras preocupaciones son las mismas que tienen todos: la pobreza, el hambre, la guerra, el desempleo, un mundo donde no sabemos si vamos para bien o para mal. En este mundo donde hay tantos problemas, nuestro punto de entrada es la educación”.

“Nuestra misión es ayudar a las personas a crecer y a transformarse, esto es lo más importante que le puede ocurrir a una persona. Toda la educación va encaminada a transformar y a brindar responsabilidad, inteligencia y sentimientos que pueden contribuir a mejorar el país y el mundo”, concluyó.

Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/74948
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Monday, May 17, 2010

Jesuitas y Catolicos Sociedades Secreta 2

http://www.youtube.com/watch?v=SWwx5K5DWaI&feature=player_embedded



Los jesuitas y los derechos humanos


Mauricio Cabrera Galvis

Los jesuitas y los derechos humanos


Javier Giraldo está amenazado de muerte. Esta noticia podría pasar desapercibida en un país donde hasta los candidatos presidenciales reciben las mismas amenazas, pero es necesario destacarla por lo que es y representa esta persona en la lucha por los derechos humanos y contra la barbarie de los paramilitares.

Javier Giraldo es un sacerdote jesuita, y a quienes les sorprenda que en nuestra Colombia tan devota del Sagrado Corazón un sacerdote pueda estar tan amenazado, hay que recordarles que 6 jesuitas fueron asesinados en El Salvador, o que el padre Tiberio Fernández fue asesinado y descuartizado en Trujillo (Valle), en ambos casos por las bandas paramilitares que denunciaron en defensa de los mismos ideales de justicia y paz.

Javier empezó a trabajar con lo sectores populares desde que se ordenó como sacerdote en los años 70, pero fue en medio de la cruenta represión del gobierno de Turbay y su Estatuto de Seguridad, que se vinculó al tema de la defensa de las víctimas; primero en el Cinep y después en otras organizaciones como la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz.

Sus denuncias contra las alianzas entre organismos del Estado y paramilitares le han generado amenazas, que ya en 1989 lo obligaron a salir al exilio.

Sin embargo, regresó al país y persiste en su lucha en casos tan sonados como la masacre de la Comunidad de Paz, de San José de Apartadó, en el que Javier ha denunciado con pruebas fehacientes la participación de altos oficiales del Ejército, sin que se haya hecho justicia.

Frente a las falsas acusaciones de marxista y guerrillero se podrían decir muchas cosas en defensa de Javier y su trabajo, pero mejor es leer lo que escribió el padre Francisco de Roux, superior de los jesuitas en Colombia, cuya carta de apoyo a Javier me tomo la libertad de transcribir:

"Durante treinta años, con entrega incondicional a las víctimas y con rigor impresionante para demostrar la evidencia de sus afirmaciones, Javier Giraldo S.J. ha estado denunciando a los violadores de los derechos humanos.

Ha acompañado esas denuncias con todas las pruebas y pedido a la justicia colombiana que actúe. Ha sido testigo extraordinario de la manera como esta justicia ha dejado en la impunidad a los criminales.

Frente a la campaña en grafitis para destruir el nombre y la persona, queremos dejar claro que nosotros vemos en Javier Giraldo S.J. un hombre del más alto valor moral, un serísimo buscador de la verdad, un luchador incansable al lado de los excluidos, un defensor sin condiciones de la dignidad humana, un convencido de que el Estado y sus fuerzas de seguridad deben estar al servicio de la vida y de la integridad de todos y de todas.

Queremos dejar claro que Javier Giraldo S.J. no es ni ha sido jamás guerrillero como pretenden señalarlo sus detractores. Javier no tiene más armas que convocar a que se diga la verdad sin ofrecer recompensas a nadie para que sea fiel a su conciencia.

Por eso, ha rechazado con decisión la compra de testigos en la justicia colombiana. Por eso, jamás ha aceptado que lo cuiden con armas de ninguna clase. Javier Giraldo S.J. es un hombre de fe. Un seguidor, hasta la muerte, de Jesucristo. Un auténtico jesuita de profunda vida interior. Un compañero incansable de las comunidades pobres y desplazadas por la guerra.

Como Provincial de la Compañía de Jesús, reitero el reconocimiento a la grandeza moral de Javier Giraldo S.J. e invito a todos los hombres y mujeres que entre nosotros buscan la verdad y la justicia, a que rodeemos con nuestro apoyo moral a un hombre que nos ha enseñado con el mensaje de su vida a ser consistentes con Dios y con nosotros mismos".

macabrera99@hotmail.com


Mauricio Cabrera Galvis
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Sunday, May 9, 2010

Los Jesuitas ¿Quienes son?

Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó á la gracia de Cristo, á otro evangelio: No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas aun si nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Galatas 1:6-9.




¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno doble más que vosotros.


Mateo 23:15.


¿Como explican los Jesuitas su llamado y su mision? Veamos ahora, como describen (ellos) como se alcanza ser un Jesuita.


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COMO SE FORMA UN JESUITA





FORMACION PARA EL MUNDO DE HOY






La carrera del jesuita comienza con dos años de noviciado. Es el paso de arranque y del que dependen muchas cosas. Es un tiempo de discernimiento: el candidato observa a la Compañía de Jesús para si es para ella y la Compañía observa al candidato. Poco a poco se el candidato se va iniciando en un nuevo tipo de vida donde es necesario hacer muchas rupturas y aprender un nuevo camino. En esta etapa profundiza en el conocimiento técnico y práctico de la Compañía de Jesú: su historia, su espiritualidad, sus documentos, sus hombres, sus líneas de acción. Se estudian y practican nociones de espiritualida, sobre todo ignaciana. También se tienen varias experiencias o "prue-bas" donde el novicio mide sus fuerzas. La primera es hacer durante un mes, en silencio, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, experiencia fundamental para todo jesuita. Bajo la direc-ción del Maestro de novicios, el candidato va recorriendo este camino de liberación interior y santidad.

Al final hace los tres votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. Después de novi-ciado se dedican dos tres años al estudio de la filosofía y ciencias sociales. El objetivo principal de esta etapa es el entrenamiento en la capacidad de diálogo con la cultura y el pensamiento del hombre de hoy. Se trata de conseguir la formación de una mente crítica, bien informada, flexible, formando hábitos de estudio serio y constante y una metodología de investigación. El jesuita tiene que ponerse en contacto con muchos ambientes. Por eso estudia todas las corrientes del pensa-miento tanto del pasado como del presente. Se hace incapié en la filosofía porque es la ciencia que mejor desarrolla la mente. Durante este tiempo, los Hermanos adquieren las herramientas que necesitan para el desempeño de sus ministerios en la Compañía.

Luego de la filosofía, los que van a ser sacerdotes, tienen una experiencia apostólica en alguna de nuestras obras. Esta estapa se llamaba antiguamente "magisterio"porque se hacia en alguna de nuestras instituciones educativas. Hoy se puede hacer también en una parroquia, cen-tro de promoción, misiones, etc... También se puede usar este tiempo para estudios especia-les. La experiencia dura de dos a tres años.

DANDO RAZON DE NUESTRA ESPERANZA

Los que se están prepranda para el sacerdocio pasan ahora al estudio de la teología que dura cuatro años. La tarea de esta etapa es el desarrollo de la capacidad de "dar razón de nuestra esperanza"( 1 Ped. 3,15). Incluye el estudio sistemático de nuestra fe junto con el aprendi-zaje de un lenguage apropiado de transmisión. Estos estudios teológicos comprenden: Biblia, teología sistemática, patrología, cristología, sacramentología, liturgia, mariología
y otros temas re-\ lacionados. Luego viene la ordenación sacerdotal. Los Hermanos también estudian algo de teología pero menos años. Algunos, desdpues de ordenados estudian una carrera civil.

Por último, antes de salir al ministerio o después de haber trabajado algunos años, se tiene lo que se llama en nuestro lenguaje la "tercera probación". Es como un segundo noviciado. Es para interiorizar más en el espíritu de la Compañía. Se vuelve a hacer el mes de Ejercicios y se tienen varias experiencias en hospitales, cárceles, parroquias, misiones. Dura unos meses. Una idea que se inculca al jesuitas desde el principio es que tiene que estar en una formación perma-nente. El ritmo acelerado de los cambios en el mundo de hoy exige una actitud de renovación constante. La carrera del jesuita suele durar entre diez o doce años.


Fuente:
http://ceipasj.tripod.com/jesuitas.html
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Thursday, April 29, 2010

Monita Secreta


Monita Secreta
o Instrucciones Reservadas de los Jesuitas.
Al lector.




PREFACIO



Los superiores deben guardar entre sus manos cuidadosamente estas instrucciones particulares, y no deben comunicarlas mas que algunos profesos, instruyendo solamente a algunos de los no profesos, cuando lo exija la conveniencia de la Sociedad; y esto se hará bajo el sello del silencio, y no como si se hubiesen escrito por otro, sino cual si fuesen producto de la experiencia del que las da. Como muchos profesos conocen estos secretos, la Sociedad arregló desde sus órdenes, a no ser a la de los Cartujos, por el retiro y silencio en que viven, y el Papa nos lo concedió.
Hay que poner sumo cuidado en que estas advertencias no caigan en manos de extraños, porque les darán una interpretación siniestra, por envidia a nuestra institución. Si esto sucediera, lo que Dios no quiera, debe negarse que son tales los sentimientos de la Sociedad, haciendo que así lo aseguren los que ciencia cierta se que lo ignoran, y oponiéndoles nuestras instrucciones generales y reglas, impresas y manuscritas.


Los superiores deben siempre investigar cuidadosamente y con prudencia, si alguno de los nuestros ha descubierto a extraños estas instrucciones secretas; y a nadie se tolerará que las copie, ni para sí ni para otro, sin consentimiento del general, o al menos del provincial; y si se duda de que alguien no sea capaz de guardar secretos tan grandes, se le despedirá.


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Proyecto Filosofía en español
www.filosofia.org
© 2000 España Fernando Garrido
¡Pobres jesuitas!
Madrid 1881, páginas 275






Fernando Garrido
¡Pobres Jesuitas!Orígen, doctrinas, máximas, privilegios y vicisitudes de la Compañía de Jesús desde su fundación hasta nuestros días, seguida de la Monita Secreta, o Instrucciones ocultas de los jesuitas, por primera vez publicadas en castellano.Segunda ediciónMadrid: Imprenta, Calle de Mendizabal, núm. 22, 1881


Prólogo, Al lector, Introducción. V
Capítulo I. Ignacio de Loyola; aventuras de su juventud y origen de su fanatismo. 21
Capítulo II. Despotismo del general de la Compañía. 28
Capítulo III. Consideraciones sobre el primitivo carácter de la Compañía, y tendencias del fundador. 42
Capítulo IV. Teoría del regicidio según los jesuitas, los católicos y los protestantes, eclesiásticos y seglares. 54
Capítulo V. Privilegios concedidos por los Papas a la Compañía de Jesús. 67
Capítulo VI. Despotismo de los Generales de la Compañía. 83
Capítulo VII. Aspectos diferentes de las constituciones de la Compañía. 94
Capítulo VIII. Antagonismo de la Inquisición de España y la Compañía de Jesús. 110
Capítulo IX. Los jesuitas toman parte en las guerras civiles y religiosas de Francia. 129
Capítulo X. Los jesuitas en Flandes, aliados de Felipe II. 144
Capítulo XI. El Papa Pablo IV y la República de Venecia. 149
Capítulo XII. Entrada secreta de los jesuitas en Inglaterra. 157
Capítulo XIII. Persistencia del Papa y de los jesuitas en sus maquinaciones, y del gobierno inglés en su terrible resistencia. 170
Capítulo XIV. Participación de los jesuitas en las guerras religiosas de Alemania. 182
Capítulo XV. Persecuciones y reinstalación de la Compañía en Sicilia. 190
Capítulo XVI. Los jesuitas negreros, comerciantes, contrabandistas, y en bancarrota. 205
Capítulo XVII. Expulsión de los jesuitas de España, en 1767. 221
Capítulo XVIII. Expulsión de los jesuitas del reino de Nápoles. 230
Capítulo XIX. El herético Federico de Prusia y la cismática Catalina de Rusia. 238
Capítulo XX. Menos el español todos los gobiernos del mundo están en contra de los jesuitas. 249
Capítulo XXI. Máximas, opiniones y juicios inmorales y criminales publicados y sustentados por los jesuitas en todos los países. 260
Monita Secreta o Instrucciones reservadas de los Jesuitas
Al lector. 275
Prefacio. 277
Capítulo I. De qué modo debe conducirse la «Sociedad» cuando comienza alguna fundación. 279
Capítulo II. De qué manera los padres de la Sociedad podrán adquirir y conservar familiaridad con los Príncipes, los grandes y personajes importantes. 281
Capítulo III. Cómo debe la Sociedad conducirse con los que ejercen gran autoridad en el Estado, y que, aunque no sean ricos, pueden prestar otros servicios. 284
Capítulo IV. Lo que debe recomendarse a los predicadores y a los confesores de los grandes. 287
Capítulo V. Cómo conviene conducirse con los otros religiosos, que desempeñan en la Iglesia funciones semejantes a las nuestras. 289
Capítulo VI. De la manera de conquistar a las viudas ricas. 290
Capítulo VII. Cómo debe entretenerse a las viudas, y disponer de sus bienes. 293
Capítulo VIII. Lo que debe hacerse para que los hijos de las viudas abracen el estado religioso de devoción. 297
Capítulo IX. Del aumento de las rentas de los colegios. 299
Capítulo X. Del rigor particular de la disciplina en la Sociedad. 306
Capítulo XI. Cómo se conducirán los nuestros de común acuerdo, con los expulsados de la Sociedad. 308
Capítulo XII. A quiénes debe conservarse en la Sociedad. 311
Capítulo XIII. De la elección que debe hacerse de los jóvenes para admitirlos en la Sociedad, y del modo de retenerlos en ella. 312
Capítulo XIV. De los casos reservados y de las causas por que se debe expulsar a los miembros de la Sociedad. 315
Capítulo XV. Cómo hay que conducirse con las devotas y las religiosas. 317
Capítulo XVI. De la manera de profesar el desprecio de las riquezas. 318
Capítulo XVII. De los medios de hacer prosperar la Sociedad. 319


http://www.filosofia.org/aut/fgt/pobres.jpg

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Monday, April 19, 2010

Cortinas De Humo



— Reproducido con permiso.
©1984 por Jack T. Chick




Capítulo 11
EL PLAN PARA UNA AMÉRICA CATÓLICA
Le pregunté al Dr. Rivera acerca de la información que recibió en el Vaticano cuando era sacerdote jesuita. Yo quería saber si le habían dicho cómo planeaba el Vaticano apoderarse de los Estados Unidos. Me dijo que su adoctrinamiento incluía material desde la época de los peregrinos que colonizaron los Estados Unidos. Puesto que los primeros colonizadores tenían conocimiento de la Inquisición y de la matanza de cristianos que llevaba a cabo el sistema católico romano, ellos aprobaron leyes para mantener a los jesuitas fuera de los Estados Unidos y prohibir la misa... a fin de protegerse de una posible toma de control de parte del Vaticano. A estas comunidades cristianas les preocupaban profundamente las intenciones de la ramera del Apocalipsis.

Los jesuitas comenzaron a llegar a los Estados Unidos cuando llegó el segundo grupo de peregrinos. Usaron distintos nombres en sus documentos de identificación. Años más tarde, les siguieron multitudes de familias católicas de Inglaterra, Irlanda y Francia enviadas por el Vaticano, las que se hicieron pasar como protestantes en las colonias. Esas familias eran espías. Desafiando las leyes, celebraban misas en secreto. En esos días ningún católico romano debía ocupar un cargo en el gobierno civil. Los jesuitas tomaron las medidas necesarias para borrar y eliminar esa parte de nuestra historia.

El siguiente paso importante de los jesuitas fue destruir o controlar todas las escuelas cristianas en los Estados Unidos. A través de los años, trabajando secretamente, los jesuitas han llegado a formar parte de comités especiales en las juntas escolares. El objetivo era eliminar el énfasis en la ensentilde;anza de la Biblia y reemplazarla con la sicología, tal como se ve en los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, fundador de la Sociedad Jesuita. Más tarde por todo el país se establecieron escuelas y universidades católicas controladas por los jesuitas. Hoy posiblemente superan en número a todas las escuelas y universidades cristianas juntas.

La tercera etapa fue introducirse en las cortes, la legislación y las agencias del poder judicial, ocupando cargos como jueces y abogados para manipular la Constitución a su favor hasta que se pudiera cambiar. Una vez logrado este objetivo, el próximo avance se dirigió a la política para controlar los partidos políticos. Luego siguieron las fuerzas militares y los periódicos. Ya en los tiempos de Lincoln, el Vaticano controlaba más de la mitad de los periódicos en los Estados Unidos.

Dr. Rivera (ex-sacerdote jesuita)



J. Chick: Dr. Rivera, ¿cuál es la situación actual de las fuerzas militares? ¿Cuán católica es nuestra posición militar?

Dr. Rivera: Es terrible.

J. Chick: ¿Cuál es la situación política?

Dr. Rivera: Es peor aún.

J. Chick: ¿Qué puede decirme de la estructura católica en el poder judicial?

Dr. Rivera: (Moviendo la cabeza) Es muy triste debido a la fuerte penetración jesuita en esa área. La mayoría de las decisiones judiciales están distorsionando y pervirtiendo la Constitución de los Estados Unidos para privarnos de nuestra libertad, preparar el camino para la anarquía y, finalmente, tomar el control de los Estados Unidos.

J. Chick: ¿Está preparando esto el camino para la próxima inquisición?

Dr. Rivera: Así es. Primero, para crear anarquía. Se nos informó que después de todos estos años de penetración e infiltración, lo que se necesitaba eran disturbios y anarquía para finalmente tomar el control. Cuando la Institución Católica Romana esté preparada para tomar el control político, militar, educativo y religioso, eso significará que tendrán fundamentos legales para hacerlo, y será por medio del concordato que ya se ha preparado y que se está negociando. Ahora mismo veo que está sucediendo todo lo que me dijeron cuando estaba en el Vaticano.

J. Chick: ¿Tiene algo que ver el Vaticano con la presente recesión y la situación económica? ¿Está conduciéndonos esto a los futuros disturbios?

Dr. Rivera: Sí, así es. Puede ver ahora mismo que el Vaticano está realizando ciertos juegos con la economía. El mundo está pasando por una crisis económica y el Vaticano quiere hacernos creer que también les está afectando. Eso es sólo un engaño.

J. Chick: ¿Qué puede decirme de la posibilidad de huelgas? ¿Cuán profundamente están involucrados en los sindicatos?

Dr. Rivera: La Iglesia Católica Romana ha preparado eso muy bien, porque en este país los sindicatos están dirigidos por los jesuitas. Eso significa que los sindicatos no descansarán hasta ver en bancarrota a todas las industrias de este país.

J. Chick: ¿Qué esperanza cree que hay para los Estados Unidos? ¿Un avivamiento entre los cristianos, que comiencen a revelar los planes de Roma, y que los pastores denuncien esto desde el púlpito, o es ya demasiado tarde?

Dr. Rivera: Nunca es demasiado tarde porque está en las manos de Dios. Por mi estudio de la Biblia y mi experiencia personal con la ramera del Apocalipsis, creo sinceramente que, en cuanto a las profecías, Dios las cumplirá y permitirá que se cumplan en los Estados Unidos. Pero, es cuestión de tiempo. El asunto al que nos enfrentamos es que Dios puede acortar o prolongar el tiempo hasta que se realicen estos eventos. La Iglesia Católica Romana está sintiendo el impacto de vuestras publicaciones y del mensaje que Dios nos ha dado en estos últimos tiempos. Por tanto, ellos saben que si llevan a cabo ciertos planes, la gente los detectará inmediatamente y se dará cuenta de los propósitos del Vaticano.

Este es uno de los dilemas que enfrentan ahora. Si no fuera por la literatura que hemos publicado, hoy estaríamos en una situación diferente. Eso significa que Dios está protegiendo a todos los cristianos, pastores e iglesias en los Estados Unidos -aunque ellos ni se den cuenta-, y aun a los que están contra nosotros; el Señor nos está dando más tiempo para que los cristianos podamos responder.

Si en estos tiempos proféticos actuamos de acuerdo a la voluntad de Dios contra los engaños, programas y acciones de la ramera en los Estados Unidos, no podremos destruirla. No podremos detenerla. Pero, podremos realizar dos cosas: Primero, llevar el mensaje del evangelio al pueblo católico romano que no conoce la salvación. Segundo, tendremos suficiente tiempo para que la iglesia cristiana se dé cuenta de que su misión es para aquí y ahora, no para mañana. Y Dios sólo está esperando que la iglesia se movilice para impedir que las fuerzas del mal, los poderes de las tinieblas, el papa, los jesuitas y la institución católica cometan los crímenes que están a punto de poner en acción tan pronto como tomen completo control de los Estados Unidos.

J. Chick: ¿Es esta la información que recibió en el Vaticano, bajo las enseñanzas de Agustín Cardinal Bea y el general jesuita Pedro Arrupe?

Dr. Rivera: Sí, y también del general jesuita que le antecedió.






U.S. NEWS & WORLD REPORT, Noviembre 8, 1982, p. 15




La politica de defensa de Ronald Reagan fue atacada a fines de octubre desde direcciones opuestas: el presidente de Rusia, Leonid Brezhnev, amenazó con intensificar la carrera armamentista, y la jeraquía de la Iglesia Católica Romana de los Estados Unidos mostró una inclinación hacia el pacifismo antinuclear.
Dos dias después de que un panel de obispos católicos de los Estados Unidos cuestionaron la moralidad respecto al uso de armas nucleares, Brezhnev declaró que la Unión Soviética debe incrementar aun más su arsenal. Dijo que los Estados Unidos amenaza con "empujar al mundo hacia las llamas de una guerra nuclear."
Un oficial de la Casa Blanca comentó que Brezhnev quería hacer algo más, aparte de garantizar a sus generales que Moscú mantendrá el paso de los demás en la carrera armamentista. También dijo que el jefe soviético esperaba avivar en los Estados Unidos la campaña para bloquear las armas nucleares.
El Secretario de Defensa, Caspar Weinberger, relacionó directamente a los defensores estadounidenses del bloqueo con el discurso de Brezhnev en el Kremlin. Haciendo hincapié en el llamado del líder soviético para obtener mayor capacidad para hacer la guerra, Weinberger declaró: "Más que cualquier otra cosa que pudiéramos decir, esto subrayaría las razones para no proseguir con el bloqueo."
Weinberger y otros oficiales, luchando con aspectos teológicos de la carrera armamentista, intentaron presentar a los obispos católicos su punto de vista a favor de las armas nucleares. Las apelaciones hicieron poco impacto en las cinco personas del comité de obispos sobre la Guerra y la Paz, el cual el 25 de octubre 25 propuso una declaración calificando de inmorales algunos elementos de la estrategia nuclear de los Estados Unidos. Por ejemplo:
Primer uso. Estados Unidos ha argumentado que se podrían necesitar las armas nucleares para detener un ataque convencional. Los obispos dijeron: "Opinamos que los objectivos políticos racionales no justifican la responsabilidad moral de iniciar una guerra nuclear".
Civiles como blanco. Por años los E.U.A. han tenido ciudades soviéticas como blanco en caso de una guerra nuclear, una política que los obispos consideran errónea aun cuando las ciudades de los E.U.A. sean atacadas primero. Los clérigos argumentaron: "Ningún cristiano puede legítimamente obedecer órdenes o reglas que en forma deliberada tienen como objectivo matar a personas que no están combatiendo."
El comité, presidido por el arzobispo de Chicago, Joseph L. Bernardin, afirmó que su posición está fundamentada en Génesis. "El potencial destructivo de las fuerzas nucleares amenaza la soberanía de Dios sobre el mundo que El ha creado," declararon los obispos. "Podríamos destruir Su obra."
La decisión para que el documento llegue a ser política de la iglesia depende de los casi 300 miembros de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos, quienes debatirán al respecto a mediados de noviembre y votarán en la primavera siguiente. Se espera que los asistentes de Reagan continúen recordándole a los obispos que una posición pacífista debilitaría las fuerzas de disuasión de los E.U.A. y afectaría las conversaciones con Rusia acerca del control de armamento.
La carta que hace varios meses envió Terrence Cooke, cardenal de Nueva York, a los capellanes católicos que trabajan en las fuerzas militares, concuerda más con los puntos de vista de la administración. El escribió que, por 15 siglos, la iglesia ha enseñado que los católicos "tienen el derecho y el deber de proteger a su gente contra injustas agresiones."


J. Chick: ¿Estaban seguros ellos de poder tomar el control de los Estados Unidos?

Dr. Rivera: Sí, muy seguros. Tienen la influencia necesaria para controlar cualquier partido político, sin importar cuál partido esté en el poder, y ellos podrán alcanzar sus objetivos.

J. Chick: Entonces, ¿tienen ellos ahora la influencia para controlar ambos partidos políticos?

Dr. Rivera: Sí.

J. Chick: ¿Controlan ellos nuestras oficinas de correo? ¿Y los medios de comunicación?

Dr. Rivera: Déjeme explicarle. No creo que "control" sea la palabra apropiada ahora. Se puede decir que hay una influencia muy fuerte. Hay cierto grado de control, pero en ninguna de esas áreas es un control absoluto. Por esa razón aún somos bendecidos, porque todavía hay hombres en la FBI, la CIA, el Congreso, el Senado, el sistema judicial, en todos los estratos de la vida en los Estados Unidos, que, aunque no son cristianos en muchos casos, aún son americanos, aún son leales a los principios de la Constitución que nos fue dada desde el principio, y no como está ahora.

J. Chick: Bien, ¿a quiénes son leales los Caballeros de Colón? ¿A los Estados Unidos o al Vaticano?

Dr. Rivera: Los Caballeros de Colón tienen que ser leales al papa. No pueden basar su lealtad en la constitución de los Estados Unidos, porque si lo hicieran, el Vaticano los destruiría, así como ha destruido a otros en el pasado.

J. Chick: Cuando Estados Unidos caiga, ¿jugarán un papel vital los Caballeros de Colón en el ataque contra los cristianos?
Iniciación de miembros de los ESCUDEROS DE COLÓN (rama de los Caballeros de Colón para muchachos de secundaria) en New Haven. Los jóvenes que están sentados son miembros. Los oficiales, vestidos con túnicas, explican la importancia de su herencia católica a los nuevos candidatos (con camisas blancas).
Revista LIFE, 27 de mayo de 1957



Dr. Rivera: Oh sí. De hecho, en el juramento que hacen se puede ver cuán estrecha es la alianza de ellos con el papa. Están dispuestos a morir o ser destruidos si no cumplen su juramento. Ellos piden a los jesuitas, la milicia del papa, que los maten. Están comprometidos para convertir a los Estados Unidos en un pueblo católico.

J. Chick: Gracias a Dios que hemos tenido el privilegio de imprimir estos libros.

Dr. Rivera: Sí, el privilegio y la bendición del Señor. Entonces, di gracias a Dios.

Revista LIFE, 27 de Mayo de 1957


GUARDIA DE HONOR DE LOS CABALLEROS DE COLÓN EN EL LUGAR
DE NACIMIENTO DE LA ORDEN COMO APARECIERON EN LA PORTADA
DE LA REVISTA LIFE.

Permítame citar lo siguiente: "La revista Life examinó una fase del poder católico romano en los Estados Unidos. El principal artículo de la edición del 27 de mayo de 1957 estuvo dedicado al 75o aniversario de los Caballeros de Colón. Las fotografías, muchas de colores, mostraban el tipo de ceremonia y ostentación que contiene la estrategia de Roma. Las legiones de Roma causan asombro. Más de un millón de católicos practicantes son miembros de los Caballeros de Colón. Ellos están comprometidos fraternalmente al ideal de poner a los Estados Unidos bajo el control del papa. Son poderosos, ricos, leales. Con razón el papa afectuosamente describe a los Caballeros de Colón como 'el brazo derecho laico de la Iglesia Católica en los Estados Unidos'".

Creo que si hubiésemos guardado silencio, en cinco años todo habría terminado. Los planes para tomar el control se hubieran estado realizando. Nadie lo hubiera podido resistir. Pero, puesto que publicamos ALBERTO, creo que retardamos sus planes por lo menos cinco años. Y nuestra esperanza y oración es que con el material que estamos publicando, podamos atrasar su calendario por lo menos por una generación, para que nuestros hijos sobrevivan antes que Roma lleve a cabo su holocausto contra nosotros.

Casi puedo escuchar algunos comentarios: "Chick, eso es pura especulación. Al respecto, usted sólo tiene la palabra del Dr. Rivera. ¿Qué prueba tiene de que el Vaticano quiera destruir o tomar el control de los Estados Unidos?"

Bueno, muchos de ustedes nunca han leído la obra cristiana clásica 50 YEARS IN THE 'CHURCH' OF ROME (50 Años en la 'Iglesia' de Roma), por Charles Chiniquy. Estaba agotada, pero la reimprimimos en Chick Publications. Créame, los jesuitas odian ese libro. Permítame citar las palabras de Abraham Lincoln en relación a la Guerra Civil, tal como se encuentran en 50 YEARS IN THE 'CHURCH' OF ROME: "Esta guerra nunca hubiera sido posible sin la siniestra influencia de los jesuitas. Gracias al papado, vemos ahora nuestra tierra enrojecida con la sangre de sus más nobles hijos. Aunque había grandes diferencias de opinión entre el sur y el norte respecto al tema de la esclavitud, ni Jeff Davis, ni ninguno de los líderes de la Confederación se hubiesen atrevido a atacar a los del norte si no hubieran confiado en las promesas de los jesuitas, de que, bajo la máscara de la democracia, el dinero y las armas de los católicos romanos, y aun las armas de Francia estarían a su disposición si ellos nos atacaban. Siento lástima por los sacerdotes, obispos y monjes de Roma en los Estados Unidos cuando la gente sepa que, en gran parte, ellos son responsables por las lágrimas y la sangre que se derramaron en esta guerra. Lo que sé respecto a ese tema, no lo revelo a la nación, porque si el pueblo se enterara de toda la verdad, esta guerra se convertiría en una guerra religiosa, e inmediatamente se volvería diez veces más salvaje y sangrienta. Sería una guerra cruel, como lo son todas las guerras religiosas. Sería una guerra donde ambos bandos se exterminarían. Los protestantes, tanto los del norte como los del sur, sin duda se unirían para exterminar a los sacerdotes y los jesuitas, si pudieran escuchar lo que el profesor Morse me dijo de las conspiraciones hechas, en la misma ciudad de Roma, para destruir esta república, y si supiesen cópmo los sacerdotes, las monjas y los monjes -que llegan cada día a nuestras costas con el pretexto de predicar su religión, enseñar en sus escuelas, cuidar de los enfermos en los hospitales- no son otra cosa sino emisarios del papa, de Napoleón y de los otros déspotas de Europa, con el fin de minar nuestras instituciones, desviar los corazones de la gente alejándolos de nuestra constitución y leyes, destruir nuestras escuelas y preparar aquí un reino de anarquía como lo han hecho en Irlanda, México, España y dondequiera que haya personas que deseen ser libres".

Después el presidente Abraham Lincoln dijo: "¿No es absurdo darle a un hombre algo que él juró odiar, maldecir y destruir? ¿Acaso la iglesia de Roma no odia, maldice y destruye la libertad de conciencia cada vez que puede hacerlo sin correr peligro? Defiendo la libertad de conciencia en su sentido más noble, más amplio y más elevado. Pero, no puedo conceder libertad de conciencia al papa y sus seguidores -los papistas- mientras, por medio de sus concilios, teólogos y leyes canónicas, me digan que su conciencia les ordena quemar a mi esposa, estrangular a mis hijos y cortarme el cuello cuando tengan la oportunidad de hacerlo. Parece que la gente no comprende esto hoy. Pero, tarde o temprano, la luz del sentido común mostrará claramente que no se puede conceder libertad de conciencia a hombres que han jurado obedecer al papa, quien pretende tener el derecho de matar a aquellos que no están de acuerdo con él en materia de religión".

Estas declaraciones se hicieron en la época de la Guerra Civil, y corroboran totalmente la información que nos ha dado el Dr. Rivera.

¿Lo vio? ¿Comprendió lo que dijo el presidente Lincoln? Ahora considere la entrevista que hice al Dr. Rivera. Debemos tener en cuenta que cuando el Dr. Rivera era sacerdote jesuita, bajo ese terrible juramento e iniciación, él estaba en el área ultra secreta de la inteligencia del Vaticano. Estaba realizando espionaje para la ramera del Apocalipsis. ¿No es lógico que el Vaticano tenga que negar que conoce de la existencia del Dr. Rivera? Eso hacen todas las agencias de inteligencia con sus agentes secretos. Eso es de conocimiento general. Lo que vimos en esa entrevista fue la información que le dio el general jesuita al Dr. Rivera, en el Vaticano, acerca de los planes que tiene la Iglesia Católica Romana para tomar el control de los Estados Unidos.

¿Puede ver que el Dr. Rivera presenta la misma información, y que ésta coincide y corrobora completamente lo que dijo Abraham Lincoln para prevenirnos? ¡Y la gente dice que Chick Publications está publicando cosas absurdas! Mientras hacemos sonar la alarma, Roma está haciendo todo lo posible, en el área de los derechos civiles, para privarnos de la libertad religiosa e impedir que la llamemos la ramera del Apocalipsis. En Canadá prohibieron la circulación de dos de nuestros libros llamándolos pornografía.*. Ellos moverán cielo y tierra para que este material no llegue a la gente y no sea difundido por otros medios de comunicación. Gracias a Dios que el Dr. Rivera llegó en el momento oportuno; de lo contrario, en unos años todos hubiésemos sido amordazados.

¿Comprende lo que estoy diciendo? Desde ahora, cuando encienda el televisor para ver las noticias, las verá desde otra perspectiva porque reconocerá la mano de Roma en la política mundial.

Debemos despertar. Ya no somos un grupo de niños de dos años de edad. Los pastores deben despertar. Los diáconos y miembros de la iglesia deben despertar, porque si no lo hacen, sus hijos serán destruidos en pocos años. Me refiero en especial a aquellos pastores que sostienen que se debe amar generosamente a todos, y que se ponen pálidos y sudan frío cuando se enfrentan a algo controversial. ¿Cree usted que los sacerdotes de Roma le respetan por eso? Pastor, déjeme decirle que ellos odian el suelo por donde usted camina y lo único que sienten por usted es desprecio. Secretamente, lo ven como escoria bajo sus pies. Hace poco me dijeron que, en 1949, un ex sacerdote jesuita le dijo al Rdo. Eubanks, en California, que cuando el Vaticano tome control de los Estados Unidos, cada pastor y su familia recibirán un disparo en la cabeza.

En cierta ocasión enviamos una copia de LOS PADRINOS a 100 pastores locales. ¿Sabe cuántos tuvieron la valentía, o la cortesía, de responder? Ni uno. La Biblia dice que el juicio comienza en la casa de Dios. Si no despertamos, sucederá aquí.

Si los pastores son valientes, entonces deben actuar con valor y predicar con denuedo la Palabra de Dios desde los púlpitos. La línea delgada que detiene a las fuerzas del infierno, está en los púlpitos. En el momento en que se derrumbe, en los Estados Unidos las iglesias tendrán que ser subterráneas. Después nos perseguirán como a ratas, y nos tendrán tanta misericordia como la que tuvieron en Yugoslavia. Recuerde, el sacerdote dijo que no era pecado matar a un niño de siete años. Sólo que, esta vez, no estará Estados Unidos para defendernos. ¿A dónde escaparemos? ¿A México? Está totalmente dominado por Roma. ¿A Canadá? Está casi dominado. ¿A Irlanda? Ni pensarlo. No hay a dónde ir. Sólo al Señor, y el tiempo se está terminando. Estamos en el filo de la navaja. Dejemos de perder el tiempo con esta apariencia de piedad. Es hora de caer de rodillas y orar al Señor.

Si su pastor no tiene la valentía para oponerse a Roma, usted debe darle esta información y decirle que él tiene la responsabilidad de informarle también a su iglesia. Y si él no lo hace, entonces hágalo usted.

Sin duda los que respaldan al Vaticano atacarán a Chiniquy por atreverse a citar a Abraham Lincoln en su libro 50 YEARS IN THE 'CHURCH' OF ROME (50 Años en la 'Iglesia' de Roma). Estamos en una guerra, y doy gracias a Dios porque guió a Chick Publications para preparar las municiones que usted necesitará. Estos son los argumentos que le proporcionarán fundamentos e información, y después de pedir la dirección de Dios en oración, sabrá cómo enfrentarse a los católicos romanos que no conocen a Cristo. Porque, si no somos una iglesia que gana a personas para Cristo, la ramera nos destruirá a nosotros y a nuestros nietos. ¿Acaso podemos olvidar los gritos que llenaron el aire nocturno en París durante la masacre de San Bartolomé? ¿Acaso hemos olvidado a las mujeres embarazadas en Irlanda, atadas a las ramas de los árboles, que pedían clemencia mientras los perros se peleaban por los bebés que aún no habían nacido? ¿Y los cuchillos ensangrentados en las manos de aquellos sonrientes fanáticos, incitados por sus sacerdotes para que mataran a esas damas cristianas? ¿Hemos olvidado estas matanzas descritas por Foxe en Book of Martyrs (Libro de los Mártires)? El Vaticano quiere que lo olvidemos. ¿Acaso hemos olvidado lo que sucedió en Yugoslavia, en 1940, cuando sacerdotes católicos atravesaron con estacas a niños mientras éstos gritaban en agonía? ¡Nunca debemos olvidarlo! No olvidemos que antes de cada ataque, hubo un tiempo de paz, amor y amabilidad, como ahora. Y, no olvidemos que en los Estados Unidos, un millón de Caballeros de Colón han jurado convertir esta nación en un estado papal. Que Dios nos ayude. ¿Usted no cree que sucederá? ¿No cree que la historia se repita? Es tiempo que abramos los ojos y nos convirtamos en soldados espirituales, y que comencemos a armarnos con el yelmo de salvación, el escudo de la fe y la espada del Espíritu, sabiendo que podemos detener los poderes de las tinieblas.


Juan Pablo II, " Peregrinaje de fe"
El papa Juan Pablo II en Washington, D.C.


Tenemos un enemigo común. Es tiempo de que regresemos a Cristo y comencemos a mostrar misericordia y compasión al amado pueblo católico romano, que ha sido traicionado por sus líderes. Si no lo hacemos, su sangre estará en nuestras manos. Tenemos que hacer todo lo posible para ganarlos para Cristo.
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Los precios están en dólares Americanos.
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