Entrevistas Religión
Ciento treinta y cinco años después de Rerum Novarum, la Iglesia del primer papa estadounidense toma posición en el debate sobre el futuro de la humanidad en la era de la inteligencia artificial, con una encíclica que aborda el transhumanismo, el colonialismo digital y la nueva religión de Silicon Valley.
Una primera lectura de Magnifica Humanitas
AUTORGilles Gressani
PORTADA© SIPAFECHA25 de mayo de 2026
¿Por qué iniciar este proyecto hoy?
Porque el proyecto ya está en marcha, nos guste o no. La inteligencia artificial no llama a la puerta: ya está dentro de casa. Ya no es un simple conjunto de herramientas, sino un entorno mental, cultural y espiritual: el aire que respiramos, el código que estructura nuestra forma de pensar y de creer.
La Magnifica Humanitas nace de esta conciencia: no se puede esperar a que los procesos se hayan completado para pronunciarse sobre ellos. León XIV lo dice con la fuerza de una imagen bíblica: nos enfrentamos a una elección entre la torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén. El momento del discernimiento es ahora, porque —como advierte el documento— «nunca la humanidad ha tenido tanto poder sobre sí misma».
Hay además una razón de calendario simbólico y doctrinal. La encíclica fue firmada el 15 de mayo de 2026, exactamente 135 años después de la Rerum novarum de León XIII. No es una coincidencia: es una reivindicación de continuidad y de ruptura. Así como la Rerum novarum respondió a la cuestión obrera de la primera revolución industrial, la Magnifica Humanitas responde a las res novae de la revolución digital. El paralelismo es metodológico. Lo que León XIII hizo por el salario, la jornada laboral y el derecho de asociación de los trabajadores, León XIV lo hace por la dignidad de la persona en la era del algoritmo.
¿Por qué iniciar este proyecto hoy?
Porque el proyecto ya está en marcha, nos guste o no. La inteligencia artificial no llama a la puerta: ya está dentro de casa. Ya no es un simple conjunto de herramientas, sino un entorno mental, cultural y espiritual: el aire que respiramos, el código que estructura nuestra forma de pensar y de creer.
La Magnifica Humanitas nace de esta conciencia: no se puede esperar a que los procesos se hayan completado para pronunciarse sobre ellos. León XIV lo dice con la fuerza de una imagen bíblica: nos enfrentamos a una elección entre la torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén. El momento del discernimiento es ahora, porque —como advierte el documento— «nunca la humanidad ha tenido tanto poder sobre sí misma».
Hay además una razón de calendario simbólico y doctrinal. La encíclica fue firmada el 15 de mayo de 2026, exactamente 135 años después de la Rerum novarum de León XIII. No es una coincidencia: es una reivindicación de continuidad y de ruptura. Así como la Rerum novarum respondió a la cuestión obrera de la primera revolución industrial, la Magnifica Humanitas responde a las res novae de la revolución digital. El paralelismo es metodológico. Lo que León XIII hizo por el salario, la jornada laboral y el derecho de asociación de los trabajadores, León XIV lo hace por la dignidad de la persona en la era del algoritmo.
